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Nothing else ever

La importancia de los nombres

En un cuento de su autoría, “El poder de los nombres”, la escritora Ursula K. Le Guin habla de la importancia de los nombres. Explica mediante la fantasía, que el nombre es mucho más que una cosa, es la cosa: si uno conoce el nombre, conoce lo que nombra. Salvando las distancias que impone un cuento fantástico, la importancia de las palabras no es escasa. Podríamos decir, no sin razón, que sin palabras no podríamos comunicarnos. Pero tratándose de una discusión sobre la pedofilia y la atracción hacia los niños,  su importancia es vital por otra razón.

La razón es que el 90% de las discusiones sobre pedofilia tiene que ver con palabras. El problema es, en el fondo, semántico, no moral o legal. Y esto es así ya que  nadie defiende el abuso sexual de niños. Nadie desea el maltrato o el sufrimiento de lo más hermoso y puro que existe en la tierra, los niños. Nadie. Entonces el problema pasa por otro lado. O más bien cabría preguntarnos, ¿Pero entonces cuál es el problema? El problema es que no sabemos bien de qué hablamos cuando hablamos de pedofilia. Pongo un ejemplo: ¿Le  suena contradictoria la frase “no defiendo el abuso de niños, pero si la pedofilia”? Bueno, si le suena contradictoria es porque obviamente tiene entiende por pedofilia algo diferente de lo que yo entiendo. El quid de la cuestión en el fondo es semántico.

La definición de pedofilia otorgada por la RAE no conforma a nadie, ni a pedófilos ni a teleolófilos.

Según la RAE, pedofilia es

paidofilia.

(Del gr. παῖς, παιδός, niño, y -filia).

 

1. f. Atracción erótica o sexual que una persona adulta siente hacia niños o adolescentes.

 

Esa definición no conforma a nadie. A los pedófilos no porque para nosotros está claro que es más que una atracción sexual, y a los no pedófilos tampoco porque para ellos es una “enfermedad” o, sencillamente, el abuso sexual de menores, de atracción nada. Entonces la definición no conforma a nadie, aunque a los teleolófilos más por ignorancia que por otra cosa. 

 Sin embargo, esta definición es útil y, después de todo, razonable.  Si vemos la definición de “heterosexualidad” nos encontraremos que es:

 

heterosexualidad. 

1. f. Inclinación sexual hacia el otro sexo.

2. f. Práctica de la relación erótica heterosexual.

 

Y de “homosexualidad”

 

homosexualidad.

 1. f. Inclinación hacia la relación erótica con individuos del mismo sexo.

2. f. Práctica de dicha relación.

 

 

Es paradójico en parte que la definición de homosexualidad y de heterosexualidad incluya la “práctica” de esta sexualidad, mientras que la de pedofilia, no. Pero si nos detenemos en las definiciones vemos algo importante: son prácticamente iguales. Ahora bien, eso significaría igualar la pedofilia a cualquier otra orientación sexual considerada como “aceptable” por la sociedad. Sin embargo, existe otra solución.

Las palabras en sí carecen de significado. Son simplemente un conjunto de letras o sonidos que sirven para representar algo más complejo. En el fondo las palabras están pulcramente definidas por el diccionario de la lengüa, así qué no debería haber dificultades. Estas aparecen cuando no hay palabras para designar lo que queremos expresar. Estas aparecen cuando las que existen no son satisfactorias.

Algún estudiante de periodismo dijo que palabras como “boy-lover”, “girl-lover”, “child lover” o “child-loving” eran eufemismos. Sin embargo, por definición, no lo son.

Términos como esos son funcionales por varios motivos. Primero porque designan con precisión algo para lo cual antes no había una palabra. La segunda razón es un corolario de la primera: evitan confusiones. GL significa, por definición, alguien atraido sexual y emocionalmente hacia las niñas. BL lo mismo pero con los varones y Child-Lover lo mismo pero hacia ambos sexos. Child-Loving se podría decir que es lo mismo que pedofilia, excepto que es más exacta y verdadera:  Aclara que no es sólo deseo sexual, sino amor y atracción emocional. Por lo tanto, no son “eufemismos”, sino palabras que definen estados y cualidades que para nosotros son necesarias.

Los problemas son tres: El primero es que ninguno de estos términos tiene lo que podría llamarse, una definición “formal”. Es decir, no aparecen en ningún diccionario (más que en el urbano). El segundo es que se bastardean. Si algún pseudo periodista afirmó que eran “eufemismos” es porque los había pronunciado uno de los acusados de corrupción de menores en el caso Corzi (más información en el otro artículo del blog). Si se usa esa palabra para designar a cualquiera el término se bastardea. El problema con ese caso en relación con el término boy-lover es que, a pesar de que el supuesto BL esté acusado de un crimen grave, los supuestos “niños” de los que se hablaba, eran varones de 12 años. Doce años, de niños nada. Todos recordamos que a los doce no eramos ningunos chiquilines, y menos aún hoy en día. ¿Se puede mantener una relación amorosa con una persona de 12 años? En mi opinión, sin duda alguna, sí. Que mantener relaciones sexuales con esa persona sea un crimen, es otro problema, pero un menor de 12 años creo que es capaz de consentir una relación sexual. El tercer problema es la desidia de la gente. Pocos parecen dispuestos a aceptar términos como BL, GL o CL, pero más por cuestiones de tabú o moral que por razones lógicas. Girl Lover es una palabra como “casa” o “golf”, para designar algo que de otra forma, no podría ser expresado sino con muchas palabras y explicaciones. No es un eufemismo ni un insulto. Es simplemente el amor, el cariño, y también la atracción sexual hacia las niñas. Es una palabra que designa, concretamente, eso. La discusión pasa por quién debería ser merecedor del adjetivo.

 

El improbable lector de estas palabras tal vez se pregunte por qué tanto énfasis en estas cuestiones. La razón es que el 90% de las discusiones sobre la pedofilia es meramente una discusión semántica. El problema no es que la gente discuta, el problema es que discute sobre cosas diferentes. O mejor dicho, cada uno entiendo algo diferente sobre un mismo término, vale decir, una misma palabra. El nucleo de coincidencias entre este blog -es decir, entre los que son como yo- y los “antis” es insospechadamente grande. Nadie desea el daño o el sufrimiento de los niños. Tomado ese axioma, lo demás es discutible.

 

 

 

 

 

Written by porlaverdad3

19/12/2008 a 12:26

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