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Nothing else ever

Algunos comentarios de la carta postrera

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En el último post, aseguré que no había nada que acotar o agregar en relación a la -más allá de algún desliz- excelente carta. Releyéndola, me veo obligado a cambiar de parecer y comentar algunas afirmaciones que realiza.

“[Los pederastas] no aman a nadie solo sienten odio y lo descargan haciendo daño”

Esta afirmación no me parece justa. Me parece de hecho, la misma clase de prejuicios revestidos de opiniones que vociferan los antis. Pederasta es por definición alguien que tiene sexo con niños o niñas. La definición (al igual que la de pedófilo) no específica más allá de eso: un pederasta puede tener sexo con un niño y no por eso no amarlo o desear hacerle daño. Decir que en una relación sexual con un niño no tiene cabida el amor me parece tan injusto e ignorante como decir que en la pedofilia tampoco lo tiene. Las razones y albures que llevan a alguien a tener sexo con un niño son tan secretos y personales como los que llevan a alguien a sentirse atraído hacia ellos. Decir que un pederasta, por el solo hecho de abusar de un niño “no ama a nadie”, me parece inagotablemente sofista. Decir que “sienten odio y lo descargan haciendo daño” me parece una aseveración más propia de ser analizada por la ciencia que de ser emitida al azar y sin conocimientos.

“Los que hacen daño a los niños son los pederastas.”

Afirmar que tener relaciones sexuales con niños le es perjudicial a estos, siempre, es harto discutible. Como dije, pederasta es alguien que tiene sexo con niños. Pero no todas las relaciones sexuales de este tipo son iguales o deberían ser consideradas de la misma forma. No es mi intención discutir en este momento el aspecto moral o ético de estos fenómenos, sólo aclarar que me parece reduccionista acotar los dilatados tipos de abusos sexuales a niños a solamente “los malos”. Informes o trabajos científicos sobre esto existen, verbigracia, el de Rind, que ya comentaré; pero también otros, de donde extraigo la intuición de que en este tipo de cosas existen “el bueno, el malo y el feo”. La conclusión a la que llega el informe de Rind es que el abuso sexual sólo es perjudicial cuando el niño abusado lo vive como una relación no consentida. En este punto se alzaran las voces unánimes clamando que un niño no puede consentir una relación sexual, pero eso es porque confunden no sólo “consentimiento” (es decir, el deseo de participar) con consentimiento informado, sino porque confunden “consentimiento” con “conciencia”. El consentimiento no es más que la disposición, la aceptación, el deseo de participar en algo. La RAE define “consentir” como “Permitir algo o condescender en que se haga”. Prueben a cortarle el dedo a un niño, a ver si le gusta, a ver si lo “conciente”. ¿Puede entonces consentir un niño una relación sexual? Sin duda, pero eso no significa que sea un consentimiento informado, que sí implica conciencia además de consentimiento.

Este es por supuesto un análisis muy superficial del tema y no pretende ser otra cosa. Mi objetivo no era discutir esto sino señalar ciertos reparos ante algunas afirmaciones de la carta publicada. Pero esos reparos, para ser sinceros, son escasos, ya que el texto es más que correcto. Con estos de ningún modo defiendo la pederastía, pero abomino de las simplificaciones y los prejuicios. La estrategia del autor consistió en defender a los pedófilos demonizando a los pederastas. Pero con respecto a estos mostró la misma ignorancia que el resto de la sociedad con respecto a los pedófilos.

Más allá de eso, como dije, el texto es impecable. La pregunta de si alguien merece perder la libertad o la vida, figuradamente, por una simple curiosidad de ver pornografía infantil, me parece un punto esencial que la sociedad debería plantearse. Este blog nunca ocultó que aboga por la despenalización de la pornografía infantil para consumo personal: que se persiga la producción y la distribución, no la tenencia. La táctica de hacer ver a los pedófilos como depravados peligrosos es básica y esencial en la agenda anti-pedófila. Yo diría que es directamente la base del activismo anti pedófilo. Y, al hacerlos parecer así, el calificativo de “pedófilo” se convierte en el insulto perfecto, y, como dice el autor, ¿Quién se va a atrever a defenderlos? Si la sociedad está convencida de que somos como nos muestran los medios, nadie. Si la sociedad sigue creyendo que boy lover o girl lover significa alguien que desea hacerle daño a los niños, nadie.

En cuanto a la caza de brujas a la que hace referencia en su postrer párrafo es vox populi. ¿O acaso hace cien años los pedófilos eran tan perseguidos y estigmatizados como hoy en día? No, por supuesto, pero porque los enemigos eran otros (los homosexuales, los comunistas). La sociedad occidental se fue quedando sin parias, sin grupos a los que perseguir por cualquier razón juzgada como válida (ideológica, racial, religiosa, sexual) al tiempo que la democracia y el capitalismo también se fueron quedando sin rivales, sin contrincantes. Entonces, ¿a quién perseguir? A los pedófilos, por supuesto, culpémoslos de todos los males de la sociedad actual, total, son pocos, son débiles y son odiados, no tienen voz ni voto. ¿Existe acaso un enemigo más sencillo?

Written by porlaverdad3

05/02/2009 a 02:33

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