All of old. Nothing else ever. Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better.

Nothing else ever

La pedofilia en los medios de comunicación masivos

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Este pequeño ensayo planéa ser el primero en donde se analizará la temática en los medios de comunicación (el texto presente), el arte, y el internet.

Introducción

En su epílogo de Lolita, Vladimir Nabokov observaba y comentaba las dificultades que tuvo que sobrellevar para publicar su célebre novela. La década era la del cincuenta y el ruso que escribía en inglés aseveraba que sólo había otros dos temas -además del que abordaba el libro- que eran tabú para su edición -y por inducción, para la sociedad-: un casamiento interracial con final feliz y un ateo que vive la vida plenamente y muere dichoso.

Borges afirmaba: “me creo libre de toda superstición de modernidad, de cualquier ilusión de que ayer difiere íntimamente de hoy o diferirá de mañana”, pero han pasado más de cincuenta años desde Lolita y el mundo ha cambiado. Algo ha cambiado. En pleno Siglo XXI, de estrellas pop -que siempre las hubo- y vacío absoluto, se nos antojan irrisorios los otros dos tabúes que explicitaba Nabokov: sumido en la globalización, el agnosticismo, el nihilismo y el consumismo, la sociedad occidental ha relegado el racismo y el fervor religioso -dos doctrinas que el gran país del Norte abraza de a períodos- a las sociedades “atrasadas”, “incultas”. Como gente moderna que somos, nos escandalizamos ante los tabúes que nuestros antepasados, gente de los 50s, es decir, de la edad de piedra hoy en día, imponían. Por lo tanto, el único tabú, el único verdadero tabú que existe hoy en día es el de la pedofilia.

Pruebas de ésto hay varias. Día a día nos desternillamos de risa con chistes sobre el holocausto, Hitler, los negros, los judíos, el cristianismo. Para nosotros, sumergidos en lo más hondo de una sociedad consumista, las masacres y guerras de la antigüedad son meros vestigios de un pasado arcaico, de una sociedad primitiva, de un mundo que no comprendemos porque no comprendemos cómo esa gente prefería matarse entre sí antes que consumir(se entre sí). Relegamos el nazismo a los libros de historia y a un par de locos cabezas rapadas que aparecen de vez en cuando, muy de vez en cuando, en los noticieros. El fuego, en una de las comedias de Shaw, amenaza la Biblioteca de Alejandría; alguien exclama que arderá la memoria de la humanidad, y César le dice: “déjala arder. Es una memoria de infamias”. Las infamias del nazismo, de Roma, de la Inquisición son objeto de humor o reflexiones no siempre demasiado vanas, pero no de miedo. En cambio, no veo a nadie riéndose de los pedófilos ni de la pedofilia. No veo a nadie reflexionando sobre los pedófilos o sobre la pedofilia. Por supuesto, existen excepciones y ya las mencionaré. Sin embargo, en los medios masivos de comunicación (MMC) no se habla del tema en otra postura que no sea de denuncia o rancia indignación. No escucho otras voces hablar (¿vieron qué fácil es discutir con uno mismo? Uno siempre tiene la razón). Lo de Lindsay Ashford fue único y excepcional, en todos los sentidos. Es un “signo de los tiempos”, pero demasiado perdido en el ruido y definitivamente, adelantado a su tiempo. Hay varios de estos “signos de los tiempos” que mencionaré más adelantes. Pero como decía, lo de Ashford fue, y es, irrepetible. Cuando otras voces quieren hablar, son acalladas. Otro ejemplo en los MMC: el correo de la revista Barcelona (cuyos lectores se jactan de ser progresistas y liberales) ha demostrado la misma intolerancia y estolidez que otros medios a discutir el tema. Todo se soluciona y sentencia con lugares comunes, frases hechas y prejuicios trogloditas. Y con esto no me refiero sólo a dicho correo, sino a cualquier MMC, ya sea radial como gráfico.

La segunda prueba me parece mucho más contundente. Los Simpsons ha sabido ser, desde comienzos de la década del 90, la más original, graciosa, importante, inteligente y revolucionaria serie de televisión de la historia. No sólo desde su humor (decir que éste le ha dado una vuelta de tuerca más a cada gag y chiste inventado o por inventar es poco), sino, y sobre todo, por haber sabido digerir y triturar cada tema y tópico de, no sólo la cultura popular, sino de la vida moderna. Por sus 30 minutos -y siempre en horario prime tiem- han pasado -casi- todos los temas polémicos o urticantesde la sociedad estadounidense y global. Todo menos uno: no recuerdo uno solo en donde se haya tocado la pedofilia. Y esta me parece la mayor prueba de que ésta es, hoy por hoy, el único verdadero tabú de la sociedad actual. Por supuesto, otras series de televisión sí lo han hecho -pienso en Family Guy y South Park- pero ninguna de ellas es Los Simpsons. Y porque al público que mira FG o SP no sólo lo separa una mentalidad del público de Los Simpsons, sino también una brecha generacional: los de Springfield son para toda la familia, mientras que FG o SP para jóvenes. Ya desarrollaré esto, pero básteme decir que no hay mejor medidor que marque el pulso de la sociedad occidental que LS.

La pedofilia en los MMC

Hay varias características destacables del fenómeno y de la forma en que los MMC tratan la pedofilia en la Argentina y en todo el globo. O más bien, de la forma en la que no la tratan.

Cabe empezar diciendo una obviedad: los diarios son empresas. Los canales de televisión son empresas. Las revistas son empresas. El diario Clarín, New York Times o El País no es menos empresa que Microsoft, Mc Donalds o Disney World. Su objetivo es ganar dinero y no informar a la gente. Del mismo modo que Mc Donalds se dedica a la venta de sustancias que insisten en llamar “hamburguesas”, y Microsoft a la venta de betas que insisten en llamar “Sistemas Operativos”, los canales de televisión se dedican a la venta de opiniones que ellos insisten en llamar “noticias”: La función de los MMC son dos: ganar dinero y adoctrinar a la gente, pero nunca, jamás la de informar. Digamos que se dedican al rubro de la informaión y esto por una mera contingencia, porque de igual forma podrían dedicarse a fabricar tuercas o ventiladores, y cambiar de rubro. Mucha gente pareciera que se olvidara de este hecho cuando ve con ojos estupidizados TN. Ahora bien, los diarios se sostienen con el número de lectores que los leen, y los canales de noticias con la cantidad de espectadores que los ve. Y es un hecho que la gente tiende a consumir los MMC que más se ajustan a su pensamiento. Es por eso que no hay ni habrá, nunca, una forma más eficaz de conocer la opinión pública que leyendo las noticias (la forma en las que están escritas, las palabras que emplean, las opiniones que deslizan, el espacio relativo que ocupan) del diario más popular de un país cualquiera. La razón es sencilla: porque reflejan exactamente lo que la gente quiere oír. Del mismo modo que La Nación desarrolla su información con lo que sus lectores quieren oír y pretenden encontrar, Clarín (que es leído por la clase media y por sectores de todos los estratos y por muchísima más gente que el anterior) debe contentar la suma de prejuicios, preconceptos, idiosincrasias y modos que conforman, en fin, la opinión pública. La mayoría de la gente que compra Cabildo, Barcelona o El Federal espera encontrar una cierta postura y modo de ver la realidad que no toleraría que se cambie: si Cabildo trasluciera las opiniones de Barcelona y viceversa, los lectores de ambas publicaciones las dejarían de comprar por la sencilla razón de que eso no es lo que buscan en sus páginas. Las consecuencias de contradecir la opinión pública son terribles y esto lo saben bien los políticos (recordemos el auto de fe que se le dio a cuando habló de “sensación de inseguridad”), los publicistas y los MMC. No hay persona más mentirosa que político y peor en campaña: siempre dirá exactamente lo que la gente quiere (aun íntimamente) oír. Lo mismo con los MMC, ¿Cómo reaccionaría la gente ante la entrevista publicada a un pedófilo o ante una columna de opinión de uno, ante un informe serio y maduro sobre la pedofilia, ante el análisis de las conclusiones de trabajos que desafían la doxa, verbigracia el de Rind, ante la revelación de que los pedófilos somos personas como cualquier otra con las mismas bondades y egoísmos que los demás, ante la mención de que prohibir el consumo individual de pornografía infantil es una estupidez, ante la verdad de que girl lovers y boy lovers sentimos muchísimo más que atracción sexual por, ante la verdad de que no hay ninguna evidencia científica de trastornos mentales o inusuales en las personas atraidas hacia los niños, ante la mera idea de diferenciar entre pedófilos y pederastas, ante la mera idea de promover el lolicon como alternative a la p.i., ante la mera idea de que no todas las relaciones sexuales con niños son perjudiciales o dañinas, ante la mera posibilidad de comprensión o madurez? ¿Cómo reaccionaría? La verdad es que es imposible saberlo ya que algo así nunca ocurrió ni ocurrirá, pero podemos imaginarnos, y venturosamente no estaremos muy errados, a miles de correos de lectores, amenazas, juicios. Un MMC nunca fue ni nunca será un medio para decir la verdad.

Pero nunca, jamás, subestimemos la otra función de los MMC: adoctrinar a la gente. Básicamente, las personas piensan lo que los grandes MMC quieren que piensen. Si los MMC iniciaran una campaña para subsanar y corregir todos sus errores del pasado, de sus arengas de odio y prejuicio contra los pedófilos, si dejara de lado el sensacionalismo de lado y se propusiera informar objetivamente, ¿quién sabe cuáles serían las consecuencias últimas? Nunca, jamás, subestimemos la capacidad de los MMC para manejar la opinión de la gente (pero tampoco nunca subestimemos la estupidez de la gente).

Sin embargo, el problema que plantea la postrera idea es que una conducta así significaría complejizar la realidad. Por complejizar la realidad entiendo no verla como un sistema de causas y efectos definidos, de binomios y dualidades (bien-mal; blanco-negro) o de modelos arquetípicos como únicos, sino como una verdad de múltiples causas y múltiples consecuencias (algunas sin relación aparente o sin relación), de infinitas zonas grises y verdades a medias, donde el agnosticismo y la relatividad suplantan a lo absoluto y los binomios, y de modelos cambiantes, especiales, que no se ajustan a preconceptos y presunciones que la gente tiene de ellos. Complejizar la realidad es, en verdad, hacer más realidad. En palabras de Borges: “Todas las palabras postulan el universo, cuyo más notorio atributo es la complejidad”. Sin embargo, esto plantea un problema, ya que a la gente no le gusta la realidad, y mucho menos la verdad. Vivimos enajenados del mundo, en castillos de cristal (fuertes, pero de vidrio en definitiva) que los MMC se encargan de construir y sostener únicamente por su propio interés. Castillos construidos en base a prejuicios, religiones, política y violencia, ya que hay pocas cosas en la historia que se hayan hecho con tanta sangre y sufrimiento como nuestro actual modo de vida 1.

Como decía, el riesgo de complejizar la realidad es perder lectores. A la gente le gusta verla en términos sencillos porque así la puede comprender, con buenos y malos definidos como en las malas películas de Hollywood o en las malas novelas. La gente prefiere a los pedófilos como monstruos, lacras, en el mejor de los casos, enfermos, algo que ni siquiera forma parte de la sociedad, y por lo tanto, lejano. “Juzguemos a los otros, que esto, nunca le va a pasar a Usted” decía Alfredo Caseros en su ya mítico Cha cha cha. Preferimos imaginar que no son como nosotros, que no piensan como nosotros y reducirlos únicamente a un mote o a concupiscentes. Olvidan que un pedófilo puede ser un hijo, un hermano, un tío o un amigo. Olvidan que es un ser humano.

Al comienzo decía que los MMC no tratan el tema. Lo simplifican y le mienten a la gente. He notado también, un hecho curioso relacionado al ampleo de la palabra “pedofilia” en los medios argentinos. No me queda la menor duda que para algunos de los pseudo periodistas que pululan multimedios Clarín, utilizar esa palabra debe ser una fuente de gran regocijo (cuando no de algún que otro placer orgásmico), ya que se creen “cultos y súper informados” por utilizar palabras “exóticas”. Pero he notado que, por lo menos en la Argentina se emplea la palabra “pedofilia” -incorrectamente, desde luego- para hacer referencia a la pederastia homosexual y en buena medida, efebófila; es decir, para designar al abuso sexual homosexual y en general, efebófilo.  En la Argentina, por lo menos, se usa la palabra pedofilia para denominar al abuso sexual homosexual. No recuerdo haber oido, nunca, que se utilice la palabra para el abuso heterosexual. Y también se la utiliza para casos de p.i., pero en esto ya no hacen diferencias de sexo. Como dije antes, los MMC se regodean en este tipo de cosas prepotentes y desinformativas, en el mal uso de las palabras y del idioma castellano en general. La pedofilia es la atracción sexual hacia niños de uno u otro sexo. No es abuso sexual ni pornografía infantil. Y un child lover (boy lover o girl lover) es alguien que se siente atraído tanto sexual como emocionalmente hacia los niños. Que se pase por alto esto trae consecuencias harto conocidas: primero y principal, le hacen creer a la gente que la pedofilia es algo ilegal y execrable. Le hacen creer a la gente que ser pedófilo es ser un criminal y como corolario, que ser pedófilo se elige.

Es la constante utilización por todos los MMC de frases como “acusado de pedofilia”, arrestado por pedofilia”, “juzgado por pedofilia” la muestra más cabal del grado de desidia, cinismo, desabrimiento y desprecio por la verdad que han desarrollado los MMC. Frases como esa llevan a la gente a creer que la pedofilia no es más que el abuso sexual infantil, que ser pedófilo es ilegal, que la pedofilia es ilegal. La falta de respeto y apego a la verdad que propagan sólo acentúa el odio, el prejuicio y atenúan la posibilidad de cambio, de progreso. No es mi propósito analizar en éste artículo las consecuencias de tan nefasta guisa de “informar”. Básteme recurrir al lenguaje soez de vez en cuando: “no tienen una puta idea de lo que hablan”. Mi propósito es, tan solo, señalar el modo en que los MMC tratan, o no tratan, el tema.

En cuanto al resto del mundo, no ilusiono que sea diferente. Pero antes hablé de algunos “signos de los tiempos”. Uno de ellos es la entrevista a Ashford. Cabría preguntarse si logró algo. Lacónicamente, podríamos contestar que no. Pero esa respuesta ignora el hecho de que fue un evento importantísimo y significativo, no debemos olvidarlo. Tampoco olvidemos el “no soy el monstruo que los medios han hecho de mí”, dicho por el único hombre que se atrevió a enfrentar a los MMC. Que Corsi fue caricaturizado, achatado y degradado por todos ellos, nadie en su sano juicio lo puede negar. Cuánto nos han mentido en relación al caso, sólo nuestra imaginación es capaz de estimarlo (en una entrevista reciente el licenciado de la UBA declaró que los medios habían tergiversado y mentido sobre el caso). Intenté buscar la entrevista en donde se defiende y no pude dar con ella. Mi propia ineptitud no es una causa desdeñable, pero lo que sí encontre, profusamente, fueron rancios clips de ese show televisivo que algunos llaman noticiero emitido directamente desde las cloacas-plató del canal del sol tecnicolor.

Antes hablaba SP y FG. Noy hay que olvidar que estos dos programas son de un público joven para un público joven. El hecho de que, al menos, se mencione el tema, es, de alguna forma, esperanzador, es un avance.

Por lo demás, no veo que ningún medio arengue por sensatez. Algunos anti-pedófilos, excepcionales, por internet lo hacen (piensaloantes.blogspot), pero son casos únicos. Decir que son amarillistas es inutil, puesto que cuando la excepción -la que debería ser la excepción- se convierte en la norma, la palabra pierde todo su sentido. ¿O acaso cuántas veces han escuchado en tiempos recientes que los MMC sean criticados por sensacionalistas o amarillistas? Ninguno, por lo menos no desde otro medio masivo ya que sería demasiado hipócrita; entonces, lo que debería ser un caso aislado es hoy en día la deprimente generalidad. Al pasar por alto que son empresas, tendemos a olvidar que la mejor forma de vender noticias es mediante la hipérbole y la exageración. La verdad para ellos, digámoslo de una buena vez, es una mera contingencia, un pormenor, una minucia. Lo que importa es la historia, el relato que se arma a partir de fragmentos de ésta. Casi como si fuera una novela policial, la gente se siente en una novela de Conan Doyle al intentar desentrañar las pistas del último caso de asesinato en un lujoso country de Pilar. Lo fundamental es contar un cuento, una historia de héroes y villanos en donde podamos, así sí, sentir que la realidad es asequible.

1A riesgo de citar a un fascistoide como Heinlein: “La libertad jamás es inalienable, debe redimirse con regularidad con la sangre de los patriotas, o se pierde para siempre. De todos los llamados “Derechos Humanos Naturales” que se han inventado, la libertad es el más caro, desde luego, y jamás será gratuito”

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