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Nothing else ever

La niña santa

“La película no es un tratado –asegura Lucrecia Martel, directora de La niña santa, es un relato con un mundo estético en el que las ideas no aparecen de una manera completamente lógica.” Y así suceden las cosas en su historia, que se dispara a partir de un tema escabroso para la sociedad: el doctor Jano (Carlos Belloso) apoya desde atrás a Amalia, la niña santa (María Alché), mientras ella observa en una vidriera la ejecución de un theremin.

La ciénaga tenía una visión existencial y ésta una jurídica, pero las dos giran en torno a lo mismo: al juicio, la determinación del bien y el mal, lo que es delito y lo que no. Si se piensa que las personas son las que determinan y deciden por la relación entre ellas lo que va a ser castigado y lo que no, y cómo va a ser castigado, una parte importante del funcionamiento de la sociedad perdería sentido”. Y lo universal ya no lo sería. “Nuestro modelo de sociedad dice que es normal que haya una persona sin casa o pidiendo en la calle, pero no los delitos sexuales. Allí todo el mundo se crispa, aunque para mí permite ver la aparición de la estructura que definió que este tipo, por este asunto, sea condenado y que aquel otro (Urdapilleta), que dejó que sus hijos partan y no sabe qué edad tienen, no sea condenado.”

Los términos clave aparecen uno a uno, reforzándose en la explicación de Martel, precisa como las imágenes de sus filmes. “Si uno fuese tan inflexible con todo, la vida sería un tormento. Y en cierto punto la estructura jurídica que rige nuestra sociedad es un tormento para muchísima gente. No estoy diciendo que estoy a favor de que los tipos se apoyen a las pendejas en la calle. Pero mostrar eso sobre lo que todos inmediatamente tenemos una reacción, y desarrollarlo posibilidad que da la visión mística de la chica- permite ver ese aparto, esa construcción y su absurdo, que termina condenando a más de una persona. Me interesa desarticular eso.”

Pese a la acumulación de ideas y de relaciones, Martel no enfatiza. Calma, como su niña santa, levanta el andamiaje conceptual de su cine. “Las bases desde las que la humanidad juzga son falsas, y muchas veces son asumidas como naturales o como mandato divino cosas que en realidad tienen que definirse con un cuerpo frente a otro. Si se produjera esa instancia de juicio, se convulsionaría el orden jurídico de la sociedad. Si se estableciera lo bueno y lo malo por el enfrentamiento de los cuerpos, nadie soportaría ver a alguien muriéndose de hambre. Sería imposible soportar la infelicidad de otro. Estaría primando más lo orgánico que las cuestiones jurídicas. Cuestiones terribles y tremendamente narrativas.” Se hace difícil seguirla. Y ella parece darse cuenta, a pesar de ir por la enésima entrevista de promoción del film. Del que no se olvida, por supuesto. “El orden jurídico, ese dispositivo gigantesco que ya casi no tiene autor, es lo que posibilita la trama. Si se concibe que la humanidad está sola en el mundo, no hay Dios, no hay un juicio posterior, entonces las personas se tendrían que hacer cargo de esa maquinaria que se puso en funcionamiento, y las situaciones se definirían entre ellas. Ése es el fondo de cualquier cosa que vaya a contar, porque es lo que me interesa.”

“Como fue instaurada en Occidente por el catolicismo, la culpa es una aberración. Creo en la responsabilidad. Porque si nadie es responsable de nada habría que absolver a los ex comandantes. Creo en la voluntad de cambio de la historia, y si uno cree en la acción humana, entonces la responsabilidad es inevitable. La sola existencia determina una responsabilidad sobre los hechos. Es de las cosas más maravillosas que podemos asumir como especie.”.

Aunque parezca extraño, el cine de Martel da para todo esto.

La niña santa (2004) es la segunda película de la realizadora argentina Lucrecia Martel, directora de la multipremiada La ciénaga (2000) y de La mujer sin cabeza (2008). La nota fue escrita por Jorge Belaunzarán.

Written by porlaverdad3

03/03/2009 a 05:51

Publicado en Arte

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