All of old. Nothing else ever. Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better.

Nothing else ever

“La mujer sin cabeza”, de Lucrecia Martel

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Una mujer, Verónica, maneja por la ruta. Atropella algo. No se baja, no mira atrás, no vuelve. Dice creer que fue un perro, pero interiormente cree que mató a alguien.

El accidente la descoloca inusitadamente, la enajena de una realidad social frívola, o mejor dicho, de su realidad social, que ya de por sí está desencajada con respecto al marco (Verónica es de clase media.alta y vive en Salta). Una enajenación dentro de una enajenación.

Por momentos hay cierto miedo casi metafísico, espiritual en La mujer sin cabeza, la última película de Lucrecia Martel (de cuyo anterior filme, La niña santa, ya habíamos hablado en otro post LINK): Verónica, el fin de semana del “accidente” pasó casi sin dejar rastro por el mundo: fue al hospital y no tienen su ficha, se registró en un hotel y no tienen su registro. Su esposo, su primo la tranquilizan, no pasó nada, es lo que constantemente repiten, y en cierto sentido, es verdad: nadie se enteró, a nadie le importó, todo quedó en la nada. ¿Fue un perro o un niño? No importa. Lo que importa es el modo en que esta sospecha de un homicidio pesa sobre Verónica, en forma de ¿remordimiento? ¿culpa? ¿miedo? ¿miedo ante qué? ¿ante el castigo, que alguien lo descubra? Verónica está desencajada de la realidad y fluye por sus relaciones sociales dejándose arrastrar por la corriente. Está acostumbrada a mandar, a dictar, es de clase acomodada, pero ¿la culpa? la hace llorar, ser débil, solidaria.

Su sobrina está enamorada de ella. Casi todos los días un chico pasa por su casa a “ver si necesita que le laven el auto o si tienen algo para comer”. Su mamá anciana asegura que hay espíritus en la casa.

El filme termina con una fiesta, cerrando una especie de trip desde la preocupación, al miedo, al alivio. Alivio porque a final de cuentas, no importó.

Es bueno poder disfrutar de una película sin moral. La mujer sin cabeza se limita a narrar, sin contaminar de la “ética for dummies” hollywoodense su relato. Es refrescante poder ver que no te dicen, esto es bien y esto es mal, sino simplemente, esto es. Sin grandilocuencia, sin artificialidades, se construye La mujer sin cabeza.

Esto no es decir, por supuesto, que sea perfecta ni mucho menos. Los manierismos y expresiones de la actriz principal pueden llegar a ser realmente molestos con el paso de la película, especialmente esa carita de “perdida” o “afligida” que pone siempre. Es una actuación algo incómoda, artificiosa y un poco paroxista.

Me pareció muy interesante la entrevista realizada a Martel con respecto a su última obra:

“Lo que más me interesa, podría decirse, es que la realidad se configura en una red social. Lo que es y lo que no es lo definen las redes sociales. Puede ser obvio, pero es lo primero que se trata de olvidar, todo el tiempo: que las cosas podrían ser de otra manera. El fenómeno de fondo es ése: cómo se determina lo que es y lo que no es. De eso trata la película.”

Written by porlaverdad3

30/04/2009 a 19:49

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