All of old. Nothing else ever. Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better.

Nothing else ever

¿Cómo reaccionarías si tu mejor amigo te confesara que es paedófilo?

Es sabido que una de las mayores y más dolorosas dificultades de ser quienes somos es no poder decírselo a nadie. Tener que vivirlo como un secreto que se guarda bien adentro y cuyas consecuencias en caso de que se descubriera sólo podemos imaginar. Y esto por la sencilla razón de que la sociedad no está preparada. La gente cree que ser pedófilo significa abusar de niños y hasta que esa idea no se cambie dudo de que se pueda avanzar demasiado. Si algunos gays, lesbianas o travestis todavía son discriminados por “salir del closet”, entonces imagínense lo que debe ser para un paedófilo. Uno de los objetivos del activismo paedófilo es justamente ese: que cada uno pueda expresar y sentirse orgulloso de su sexualidad sin que por eso nadie tenga el más mínimo derecho a discriminarlo. Hay relatos de médicos de cabecera de toda la vida, que cuando su paciente le dijo que lo que era para que lo ayude, fueron rechazados y se les negó atención. Existen paedófilos que “salieron del closet” (que por cierto, en el inglés el equivalente paedófilo de la expresión es “to come out of the toybox”, algo así, literalmente, como “salir de la caja de juguetes”, lo cual, obviamente, es impronunciable y medio ridículo en castellano, pero es una muestra más de que el de Shakespeare es un idioma infinitamente versátil y que da para todo), ¿pero cuántos? ¿Y a qué costo? ¿Al costo de ser considerado un enfermo o un degenerado que no puede estar cerca de niños? ¿Al costo de que la gente hable a las espaldas de uno? Ya ser gay es difícil, entonces imagínense.

Por supuesto, Internet hizo todo esto mucho más relativo. Hoy en día es sencillo contactar con otra gente y saber que uno no está solo. Como dijo alguien, tal vez el pedófilo de antes creía que estaba “mal” ser lo que uno es, pero el de ahora sabe que no, que mientras uno no le haga daño a nadie, ninguna persona tiene derecho alguno a decir que está “mal” ser uno. Sin embargo, Internet aunque es muy útil, no remplaza el saber que uno no se lo puede confesar a sus amigos, a su familia, al amigo de toda la vida, aquel que sabe todo acerca de nosotros, todo excepto ese pequeño detalle. Esto es especialmente doloroso en la adolescencia que, justamente, es cuando la gran mayoría descubre que es paedófilo. Todo el mundo tiene la necesidad de expresarse y de estar con otros que sean como uno y que compartan gustos y sentimientos, es lo más natural y normal del mundo.

Ahora bien, yo me pregunto, o les pregunto, a aquellos antis, o a aquellos que no son paedófilos, ¿qué harían si su mejor amigo les confesara que es paedófilo? ¿Cambiaría en algo esa revelación la opinión que tienen de la persona que los acompañó toda la vida? ¿A partir del momento en que se realiza la confesión, eso significa que la otra persona es una persona diferente, mejor o peor, que con la que hace diez minutos reían y bromeaban? ¿Verdaderamente creen eso? ¿Cambia en algo a una persona su sexualidad? ¿Si creían, o mejor dicho, sabían, que su mejor amigo era una excelente persona, cambia mínimamente esa opinión o creencia el hecho de que sea paedófilo? ¿Cambia en algo el amor? Y no, no estoy hablando de violadores/abusadores, sino de simples paedófilos.

Me parece que la mayor razón del odio de los anti.pedófilos es su incapacidad para ponerse en el lugar del otro (de hecho, creo que el odio de todos los grupos sociales/raciales/religiosos/políticos/de lo que sea -desde los nazis hasta los racistas- viene de la incapacidad de ponerse en el lugar del otro, capacidad conocida con el hombre de empatía). El creer que ellos y su mundo son invulnerables a ““la amenaza pedófila”” (sin ponerse a pensar que, para empezar, sólo tuvieron la “suerte” de haber nacido con una sexualidad considerada “aceptable”, pero esto por pura casualidad ya que perfectamente podrían haber sido paedófilos y nadie ni nada –ni ellos mismo- pudo haberlo detenido). A todos ellos, les pregunto:

¿Qué harían?

¿Y si fuera su hermano?

¿Aquella persona a la que admiran?

¿Y si fuera su hijo el que les confesara que es pedófilo? ¿Cambiaría en algo su amor? ¿Lo discriminarían, insultarían y degradarían o lo ayudarían, tratando de comprenderlo y aceptarlo?

¿O todavía siguen creyendo en el “juzguemos a los otros, total, esto nunca me va a pasar”?

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