All of old. Nothing else ever. Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better.

Nothing else ever

The Perry Bible Fellowship: Somos taaaaaaaan indies

PBF211-Atlantis

PBF004-Deal_with_the_Devil

PBF092-The_Mercy_of_Admiral_Shlork

PBF032-Todays_My_Birthday

PBF037-Bear_Boy

PBF097-Astronaut_Fall

PBF024-Puppy_Wish

PBF053-Angels_Caught

PBF080-Mice_Gun

PBF106-Billy_the_Bunny

PBF210-Wishing_Well

PBF152-Scorpy_the_Forest_Friend

“Indie” es una palabra que se puede usar para todo. Música, cine, software, y… comics. Y, a pesar del carácter peyorativo que adquiere muchas veces, hay algunos que llevan la etiqueta ligeramente, con orgullo pero sin darle demasiada importancia, respetándola, cumpliendo su canon y sus lugares comunes al dedillo pero tomándolos a la ligera. En esas contradiciones se encuentra The Perry Bible Fellowship, un webcomic tan indie que, a priori, despierta sospechas y recelos. Olemos automáticamente a universitarios de ciencias sociales pseudo-intelectuales fans de Radiohead y ya queremos correr para otro lado.

Pero no. TPBF no se queda en el molde de “historieta indie”, logrando momentos de absoluto genio y belleza. Con un estilo absolutamente ecléctico (las historietas pasan del blanco y negro al tecnicolor pasando por variados estilos de dibujo, desde el collage a la estética videojuego y el animé) TPBF se encarga, un poco, de agitar esas aguas tranquilas del chiste anunciado, del latiguillo que debe ser gracioso, de la historieta de humor como historieta graciosa. El humor es ligerísimo y siempre asentado en las bases del absurdo. Pero de un absurdo diferente del que nos enseñaron los papás de las décadas pasadas: este es un absurdo absolutamente moderno, que mama del internet tanto como de 4chan (es decir, de la anarquía y la desidia), y que, además, toca un tema que, generalmente, no se toca en la historieta indie: el sexo (heterosexual y entre adultos). Pero lo mejor, o lo novedoso, es que no trata de darle una vuelta de tuerca al tema -como si eso fuera posible-, sino simplemente destacar sus absurdos y obviedades. En general, la historieta indie habla del sexo o desde una forma intencionadamente “experimental” o “progresista”, o desde el absurdo y la humorada más salvaje. TPBF no cae en ninguno de esos lados y su enfoque del tema es tan refrescante como urticante.

No todo es sexo en TPBF. De hecho, la mayoría no es. ¿Entonces, de qué va, esta extraña historieta? Pues va… del absurdo. En sus cuatro cuadritos se encarga de desprocesar el absurdo y el “chiste” molesto, incómodo, desde una perspectiva efectiva: combinando brutalmente una estética naif y colorida con escenas de notable salvajismo y viscerabilidad. No, no es Happy Tree Friends. TPBF jamás se regodea en la violencia por la violencia o la sangre por la sangre. Es más bien – en las entregas que se ocupan del tema- una especie de desprocesamiento, de estudio de la viscerabilidad en la violencia, en las escenas violentas, tomándolas desde una postura cándida para hacer notar su brutalidad inherente. El método -ver la violencia desde una postura cándida para evidenciar su salvajismo- funciona, y esa es una de las mayores virtudes de TPBF.

Un mensaje de “te casarías conmigo” escrito con cadáveres humanos, un padre que recibe dinero del monstruo del armario para permitirle comerse a su hijo, un maestro jardinero que entretiene a los niños sacándose la cabeza, un árbol que ve cómo su amante de madera se convierte en el hacha que lo tala, un niño que grita “¡hoy es mi cumpleaños!” mientras la muerte cuenta un día menos… En todas esas escenas contadas cándidamente se encuentra el temor ante el absurdo, y ese absurdo es la muerte y la maldad o el sadismo humano (e inhumano). En todos esos cuadros se respira una brutalidad, un salvajismo inherente a la violencia de la situación misma que no se ve explícitamente en sus coloridos dibujos, sino que surgen del análisis posterior, del shock recibido después de leer (o mirar. casi no tiene palabras escritas la historieta) el último cuadro, de exclamar un WTF en voz alta. TPBF nos enseña que básicamente la muerte se esconde en los actos más triviales, y nos muestra, como Cortázar, que toda realidad tiene su reverso, que detrás de eso que vemos y de lo que nos reímos se esconde la esencia misma de la vida, que es la muerte.

TPBF es una de esas historietas que nos dejan con una rara impresión después de leerlas. Toman el absurdo pero con un objetivo diferente a la gran mayoría: lo utiliza para hablar de la violencia y la muerte inherentes a la vida. Y después de caer de prepo en el último cuadrito, sentimos que algo cambió, que se nos reveló una nueva cara de la existencia, muchísimo más oscura, que hasta ahora no conocíamos. Como el terrible momento en que descubrimos que moriremos, esa es la revelación que nos ofrece.

A %d blogueros les gusta esto: