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Discusiones sin sentido: la importancia de los nombres II y un poco de lingüística

En el post sobre “La importancia de los nombres” concluyo que el mayor problema sobre las discusiones acerca de la pedofilia es semántico. Es decir que el problema, en definitiva, es que dos personas discuten sobre cosas diferentes que llaman con el mismo nombre: ambos utilizan el mismo símbolo para representar dos cosas diferentes.

Para A, x = x

Sin embargo, para B, x = z

Entonces, hablan de dos cosas diferentes pero que representan con el mismo símbolo, en este caso el conformado por las letras y los fonemas “p”, “e”, “d”, “ó”, “f”, “i”, “l”, “o”. “Pedófilo” no es más un símbolo, una convención de sonidos y dibujitos escritos sobre el papel o en el monitor con la forma “p”, “e”, etcétera, cuya definición podemos encontrar en el diccionario. Sin embargo, como ya vimos, existen problemas con la definición del símbolo “pedófilo” ya que no deja conforme a nadie: ni a unos ni a otros. Y también porque no existe un sustituto del símbolo “paedófilo” que defina lo que yo quiero definir (en este caso, alguien con una atracción romántica hacia los niños). En algún sentido, aunque muchísimo más inexacto, el idioma es como la matemática: una colección de símbolos definidos por convención cuyo significado podemos encontrar en un libro llamado “diccionario”. Por ejemplo, en matemática la definición de la intersección entre dos conjuntos es sencilla y no da lugar a malinterpretaciones:


dibujo

Esto es sencillo y, sobre todo, claro, no deja lugar a la vaguedad. Sin embargo, en el lenguaje no todo es tan sencillo. Por ejemplo, una palabra puede tener varias definiciones. Por ejemplo, el símbolo “Abajar” se define como: “bajar” o bien como “Cortar mucho del casco de las caballerías”. Pero la matemática tiene otra ventaja que es que, si no existe algo, lo creamos. Si una cosa no está definida, la definimos y listo. En el lenguaje también se puede hacer esto y el resultado se conoce como “neologismo”, sin embargo, no son “oficiales”, es decir, es un símbolo “informal”, sin valor “formal” (mientras que en matemática lo que definimos, si lo hacemos correctamente, puede ser perfectamente formal). Básicamente es inventar palabras.

El problema es que no existen palabras –símbolos- “oficiales” para representar un significado. Por ejemplo, no existe, en el castellano, una palabra que designe a aquellos paedófilos cuya atracción hacia los niños es de carácter romántico y amoroso, no sólo sexual. En inglés esa palabra (esas palabras) existe(n) y es “girl lover”, “boy lover” y “child lover”. En castellano no existen expresiones correspondientes (uno podría traducirlas, por supuesto, pero todavía seguiría siendo un neologismo hasta que no aparezca en ese librito con definiciones llamado “diccionario”). Uno podría decir varias cosas. Si uno es anti.pedófilo, y tuviera la suficiente cultura e inteligencia, cosa que dada su condición dudo mucho, podría articular la siguiente frase:

“no es necesario inventar un símbolo para designar a aquellos paedófilos enamorados de los niños ya que, estos, no existen. Un paedófilo enamorado de un niño es un absurdo”.

Esto tiene varias respuestas y todas demuestran la futilidad de semejante afirmación. No diremos la más obvia y clara: que SÍ hay paedófilos que cumplen esa condición, porque nunca la creerían. Sería inútil que me ponga como ejemplo porque afirmarían que no siento lo que siento y etcétera. Así que imaginemos que vivimos en su mundo, en el que ellos tienen la razón de todo, y aceptemos su proposición.

En matemática perfectamente existen definiciones que se definen en base a absurdos, es decir, cosas que no existen. Verbigracia: el conjunto vacío, que se define como:


dibujo2


Como vemos, es un absurdo, ya que z nunca es distinto de z y sin embargo existe y es claro y perfectamente formal y definido. Pero en el idioma también existen definiciones de absurdos o de cosas que no existen. Por ejemplo, se define “sirena” como Ninfa marina con busto de mujer y cuerpo de ave, que extraviaba a los navegantes atrayéndolos con la dulzura de su canto. Algunos artistas la representan impropiamente con torso de mujer y parte inferior de pez.”. ¿Eso significa que las sirenas existan? No. Eso significa que el símbolo “sirena” existe, es decir, que tiene una definición y esa definición es “formal” ya que está en el diccionario.

Todo esto para decir, y probar, que la cuestión de que el contenido de un símbolo exista o no es del todo irrelevante. Lo importante, lo relevante, es que exista un símbolo que defina algo de lo que yo quiero hablar y no tenga que recurrir a pleonasmos. Por supuesto, podría hacerlo, podría recurrir a circunloquios para hablar de “personas con una atracción sexual y emocional hacia las niñas”, pero eso es del todo inútil, inadecuado y engorroso.

Como dije, el problema es que no existe un símbolo que defina algo de lo que yo quiero hablar. Ese símbolo existe en el inglés pero no en el castellano. Y aún en el inglés dudo de que sea “oficial”, ya que, A CAUSA DE QUE no existe una organización central que se ocupe de definir los símbolos (para los hispanoparlantes esa organización es la RAE), ¡cada uno le pone la definición que quiere! ¡Muchos definen “girl lover” como “child rapist”! Mientras que los que crearon la palabra, saben que el verdadero significado, el significado original, para la que fue creada, es, traducido al castellano, alguien que siente una atracción romántica hacia las niñas. ¿Cómo se define, entonces, si una definición es “oficial”, en el inglés? Puf, bueno, por la extensión de su uso. Si la mayoría de la gente cree, y escribe libros afirmando que “girl lover” es “child rapist”… el significado original del símbolo “girl lover” se perderá completamente (una analogía en el castellano es “bizarro”, cuyo significado original, y oficial, es “valiente” o “Generoso, lucido, espléndido” y eso se está perdiendo puesto que la gente emplea ese símbolo para referirse a algo “raro, extraño, curioso, grotesco”, que es su significado en el inglés).

Por lo tanto, esto prueba que cualquier objeción que pueda interpolar un anti es del todo irrelevante.


En mi opinión es necesario crear un símbolo, una palabra, para nombrar a girl lovers, child lovers y boy lovers en castellano. Por supuesto, podríamos traducirlas, pero… no me gusta la traducción literal “amantes de niñas”. Suena horrible, presta a confusiones y, en definitiva, es otro circunloquio. Es necesario crear un neologismo que, con el tiempo, esperemos, sea incorporado de forma oficial por la RAE. Cualquier objeción a esto ya probé que es del todo irrelevante. La relevancia de esto es que evita la utilización de pleonasmos y hace muchísima más sencilla la discusión, ya que evita las confusiones. Pero sobre todo porque yo, y muchos que son como yo -sino todo esto no sería más que un reclamo egoísta y solitario- no encuentro satisfactoria la definición de paedófilo porque no me representa. Es del todo inadecuada para mí (y para muchos otros). No me siento contento con ella y la juzgo vaga, perniciosa y hasta incorrecta. Se podría decir que no soy “pedófilo”, sin embargo, no existe ninguna otra palabra que defina lo que soy. No existe la palabra. Ese es, en definitiva, el problema. La carencia de símbolos. Los ingleses necesitaban un símbolo, “girl lover”, y lo inventaron (el inglés, siempre tan versátil). En el castellano necesitamos su equivalente.

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