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Nothing else ever

Diez cuentos favoritos

Tenía ganas de hacer listas, así que hagamos una media tontuela: mis diez cuentos favoritos (uno por autor y estos en orden alfabético.

“El misterio” – Andréiev, Leonid

“Enoch Soames” – Beerbohm, Max

“La biblioteca de Babel” – Borges, Jorge Luis

“La tercera expedición” – Bradbury, Ray

“Otra vuelta de tuerca” – James, Henry

“Los venenos” – Cortázar, Julio

“La fe de nuestros padres” – Dick, Philip K.

“Tantalia” – Fernández, Macedonio

“La construcción” – Kafka, Franz

“ ‘El cuento más hermoso del mundo’ ” – Kipling, Rudyard

Qué decir… no mucho. Tal vez, de Kafka, hay decenas de cuentos de él que me encantan y que, tal vez, sean más populares (“Ante la ley”, “La construcción de la muralla china”, “Un artista del hambre”), pero elijo La construcción porque me parece que tiene esa sensación de paranoia, de claustrofobia que me parece tan suya y que no encuentro en ningún otro lado… Aparte, al igual que “El castillo”, es un cuento de lo que podríamos llamar “literatura ambiental” o “atmosférica” (en el sentido de que el énfasis está en crear una atmósfera, un ambiente, antes que en la narración, y el cual, a diferencia del terror gótico –que también se especializa en eso- no se apoya en un engorroso lenguaje barroco –el vocabulario de Kafka siempre es sencillo y conciso-, sino en la tortura y la paranoia psicológica), y que a mí particularmente me encanta.

De Borges, también, podría elegir “Funes el memorioso”, o “Tlon, Uqbar, Tertius” o “El sur”, pero “La biblioteca…” tiene ese noséqué de estupor metafísico, de inquietud, de terror ante el infinito y la soledad.

El título de “El cuento más hermoso del mundo” está lejos de ser una hipérbole pretenciosa. Verdaderamente podría estar, cuando un hipotético tribunal futuro juzgue la mera literatura de estas épocas, en la selección de lo más hermoso. Todo en ello es perfecto: la descripción del protagonista, la inquietud de índole fantástica, la aparición del amor.

“Los venenos” de Cortázar tal vez sorprenda a alguno, que esperaba “Casa tomada”. Yo, como pedófilo y como nostálgico sin remedio de la infancia, me quedo con “Los venenos”, un cuento, un relato, que supera, a mis ojos, cualquier belleza: su descripción de la infancia en formato “súper 8”, cargada de melancolía, mirando a través del prisma de la nostalgia al primer amor, ante esa belleza suprema de una niña que “estaba con su vestido de lunares anaranjados, que era el que más me gustaba”, verdaderamente me llenan, me sigue llenando de lágrimas los ojos. Este cuento es la última oda a la niñez, “Music has the right to children” de Boards of Canada hecho literatura, “Cuentos asombrosos” hecho cuento de verdad. Es un relato tan chiquito y perfecto y hermoso y nostálgico y maravilloso y colorido y amoroso que difícilmente tenga parangón. Me parece, para mí gusto absolutamente melancólico hacia la infancia, infinitamente mejor a “Casa tomada”.

Muchos dirán “pero che, ¡’Otra vuelta de tuerca’ no es un cuento!” Pues allá ellos. “Otra vuelta de tuerca” es un cuento largo, pero cuento al fin. ¿Qué me gusta de él? Además de inscribirse en la misma línea de ciertos relatos kafkianos de “literatura ambiental”, una de las cosas que más me gustan de él, y ciertamente no la menor, es Flora. Flora es, en palabras de James, “beatífica visión de belleza angelical”. Flora es la niñita más hermosa de toda la literatura (CAGATE LOLITA). Aparte, ese nombre, Flora, qué nombre PRECIOSO, un nombre tan hermoso y bello como su hermosísima portadora. Así que “Otra vuelta de tuerca” aparte de ser el mejor relato de fantasmas jamás hecho sirve como bonita excusa para estar cerca de una de las más hermosas niñitas de toda la literatura.

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