All of old. Nothing else ever. Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better.

Nothing else ever

Series de los noventa

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Hay cosas de las que están hechas la felicidad, la gloria, la nostalgia, vale decir, la infancia. Y una de las cosas que la componen, que acompañaron interminables cafés con leche y meriendas, fueron los dibujitos animados. Cada generación idolatra los suyos: tanto Mazinger como Bugs Bunny son clásicos absolutos que viven en el panteón de la generación que los disfrutó.

Para nosotros, para nuestra generación, ese Olimpo está conformado por las gloriosas series de los Gloriosos Noventa.

Creo que los 90s fueron la última década con dibujitos animados de calidad. Las meriendas y las tardes de nuestra generación nada tienen que envidiarle a las de 20, 30 años antes, y esa fortuna se la debemos a ese reservorio de felicidad suprema que fue Nickelodeon/MTV con sus fantásticos, gloriosos, supremos Nicktoons y, en menor medida, Cartoon Network con sus Cartoon-Cartoon.

Empecemos por el peor. Cartoon-Cartoon supo tener en sus filas viejas glorias como “La vaca y el pollito”, “Johnny Bravo” o el delirio cósmico a lo Rocko de “Felix el gato”. Sus dibujitos, siempre siendo ATP, eran infinidad, monumentalmente mejores a la basura actual que puebla sus pantallas y siempre lograban sacar la carcajada.

Los Nicktoons fueron sapo de otro pozo. Casi se me saltan las lágrimas al recordar esa santa unión que fue “Los castores cascarrabias”, “Oye Arnold”, “Kablam” y el Santo Grial de la animación ATP de los 90s: “La vida moderna de Rocko”. Al lado de estas joyas el resto de las animaciones palidecía, pero su calidad era infinitamente superior a cualquier cosa que Nickelodeon – y prácticamente cualquier otro canal de animación- haya producido desde esos tiempos: recordemos a “Rugrats”, “Doug”, “Cat dog”, “HAAAY monstruos” y tantas otras.

Pero lo más desconcertante de estas series –o por lo menos en las mejores, como Rocko, Kablam o Los castores- eran la furia, el frenesí, el ímpetu delirante con las que se manejaban. Eran series que corrían, aún más, volaban. Eran series frenéticas, sin descanso, como si alguien hubiese tomado mucho ácido lisérgico mientras jugaba al videojuego de Sonic. Los castores cascarrabias, por poner un ejemplo, me siguen pareciendo increíblemente frenéticos. No creo que ninguna serie haya dado una sensación de tanta rapidez y dinamismo como las glorias de los 90s. Sorprende sinceramente ver ese espíritu descolocado, a mil por hora, sin descanso, completamente descocado. Todavía nadie pudo igualar el record de millas por hora que esas series guardan.

Pero también sorprende –con ojos ya más grandes- su humor. Parece increíble que alguna vez cosas como “Los castores cascarrabias” o “La vida moderna de Rocko” hayan sido dibujitos de niños. Su humor es demasiado –sobre todo en la primera- absurdo, delirante. Algunos capítulos de la serie de Norbert y Daggett no tienen mucho más sentido aparente que una pintura de Kandinsky. Lo mismo con Rocko: todavía no puedo creer que una gloria absoluta como esa serie (hoy vista, unánimemente, como la mejor de los Nicktoons y probablemente en lo mejor de los 90s para niños) haya sido considerada alguna vez para niños. Pasaran muchos años –si es que pasa- hasta que algún otro intente siquiera copiar su magia, frescura y delirio.

Me parece que la serie en la que más se notan los 90s es Kablam. La forma de vestir de sus dos protagonistas (Henry y June) es taaaaaan grunge que hoy día es lo primero que uno nota.

Luego tenemos a la animación comercial “para adultos”, que, a diferencia de su contraparte “infantil” encontró series contendientes y productos que los igualaron o superaron en esta década. La referencias más obvias son “Beavis and Butthead” y “Ren y Stimpy”. La primera, surgió después del estallido grunge, así que se puede considerar menos como un preludio que como una explotación comercial del fenómeno. Así y todo, sus niveles de –acá persiste la discusión- ¿misantropía? ¿rebeldía? ¿idiotismo? ¿ganas de llamar la atención? ¿genialidad? ¿boludez? fueron, en cualquier caso, extremos. Como la serie misma un poco. ¿En qué otra década se pudo haber creado un dibujito cuya toda su historia era dos adolescentes tirados en el sofá viendo la tele?

En cuanto a “Ren y Stimpy”, bueno… creo que, si bien uno puede tener dudas de la sinceridad de B&B, no existe discusión acerca del corazón, la viscerabilidad, la frescura y, sobre todo, la honestidad artística, de R&S. La serie fue, ante todo, visceral. Y es quedarse corto: violenta, sangrienta, impiadosa, misántropa, asquerosa, revulsiva, desquiciada, surrealista, honesta, destructiva, enferma… los adjetivos se quedan cortos para tratar de describir a esa obra maestra, esa genialidad absoluta de los 90s como fueron Ren y Stimpy. Fue violenta –y no sólo la violencia de la sangre, sino, sobre todo, la de la “honestidad brutal”- hasta niveles impensados. Pocas veces se vio una serie tan desquiciada y enferma dentro de los dominios de MTV. Y por momentos hasta con un humor kafkiano… esa serie fue, verdaderamente, brutal como pocas veces se ha visto, y en los años que siguieron, ninguna otra serie pudo igualar sus niveles de salvajismo explícito (aunque Home Movies –la mejor serie de animación de esta década- iguala o supera su brutalidad implícita).

Todo esto viene a cuento de la EXCELENTE página WWW.SERIESDELOSNOVENTA.INFO. Allí podrán encontrar todas las joyitas de los noventa que siempre quisieron volver a ver: Kablam, Rocko, Rugrats, etcétera, etcétera, etcétera. ¡¡Imperdible!!

Written by porlaverdad3

20/10/2009 a 17:41

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