All of old. Nothing else ever. Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better.

Nothing else ever

Archive for marzo 2010

Una costumbre bien cristiana: crear inseguridad, vergüenza y culpa

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Decir que el cristianismo fue una de las principales fuerzas conservadoras y retrógradas del último siglo es casi injusto: como todas las cosas, la fe de Cristo tiene sus lados buenos y malos y su labor comunitario y su prédica de amar al prójimo e incluso al enemigo “como a uno mismo” fue toda una revolución en el pensamiento humano, por más que luego las palabras de Jesús fueran interpretadas arbitrariamente por casi todos y casi siempre. Dije “casi injusto” porque no se puede negar que los católicos (no en general, por supuesto, hay católicos que entienden la religión como lo que verdaderamente es: amor hacia el prójimo, y contra ellos no tengo nada) han tenido tantos o más pifies que aciertos. Lo particularmente irritante es esta especie de táctica católica de la culpa. La culpa es central en esta religión. De acuerdo a ella, el pecado puede ser lavado, pero sólo mediante la confesión, el arrepentimiento y la fe, y, por supuesto, la que concede el perdón es la Iglesia.

El cristianismo busca, siempre buscó, generar culpa. Por los actos, pero principalmente por los pensamientos. Pensar puede ser un pecado de acuerdo al credo. Los deseos sexuales pueden ser un pecado capital. Recordemos “no desearás a la mujer de tu prójimo”, “no codiciarás los bienes de tu vecino”, etcétera. Desear, querer algo, puede ser malvado, un pecado. La masturbación es una desviación. Los pensamientos sexuales “impuros” son maliciosos, aún más si son fuera del matrimonio. Este imaginario persistió durante siglos en el pensamiento occidental. Nadie cuestionó durante mucho tiempo que los deseos e impulsos naturales pudieran no ser pecado.

Ahora bien, ¿para qué quiere el cristianismo instaurar la culpa? Bueno, es claro que si hay “pecado” hay culpa, y con ella arrepentimiento, y si hay arrepentimiento hay perdón. ¿Y quién otorga el perdón sino Cristo y su iglesia? Instaurar, primero el pecado donde sólo hay instintos naturales y segundo, la culpa, no es, no fue nunca, más que una táctica evangelizadora, para atraer “pecadores”, “desviados”, al seno de la iglesia en busca de perdón. Lo podemos ver todavía hoy en día, en la tele, donde los pastores que hablan portuñol ordenan: “pare de sufrir”. Su target es el de los que se sienten culpables, los que sufren y se consideran inmorales, anormales, pervertidos. Y para que haya inmorales, anormales y pervertidos primero debe existir la inmoralidad, la anormalidad, la perversión.

Durante cientos de años los cristianos juzgaron a la homosexualidad como una enfermedad, una perversión, una desviación del recto camino de Dios. Al tiempo que ofrecían, por supuesto, el perdón, a cambio de unirse a la fe de Cristo. Se ofrecían “curar” a los gays integrándolos a su credo, pero para eso, para que haya una cura primero debe haber una enfermedad, como bien lo sabe la industria farmacéutica.

Ahora intentan hacer lo mismo con los paidófilos. La prueba: cierto video de youtube sobre lolicón que pueden encontrar fácilmente por google. La táctica es exactamente la misma. Pasa que ahora queda mal decir que los gays son enfermos, así que la Iglesia debe encontrar nuevas víctimas para su programa evangelizador. Debe encontrar nuevas parias, nuevos “enfermos” a los cuales ofrecerle el infinito amor del Señor, personas con baja autoestima, con culpa, de espíritu endeble (acá entra en juego todo el trabajo previo de degradación, humillación, victimización y desprecio por el diferente). La iglesia les ofrece su seno, como madre que consuela en su pecho a su hijo descarriado. Todo con tal de captar creyentes.

El discurso es IDÉNTICO, es EXACTAMENTE el mismo, tan igual que parece calcado. Solamente cambian los argumentos. Intercambien la palabra “pedófilo” por “homosexual” y el discurso es exactamente el mismo: son “enfermos”, “pervertidos”, etcétera, que pueden ser “curados” sólo por el Amor Divino.

Y lo peor es que hay gente que se lo traga. Que cree que detrás de este juicio moralizante hay algo más que prejuicio puro, ignorancia supina y moral rancia. Que cree que DESEAR algo está mal. Que tener pensamientos sexuales (estén dirigidos hacia lo que sea que estén dirigidos) es un pecado. Que existe algo como una “sexualidad normal” y que todas las demás son perversiones.

Ojalá pasemos esta etapa y dejemos de creer, de una buena vez, que alguien se va a ir al infierno por lo que se le venga a la mente a la hora de fantasear.

Teoría y análisis del discurso anti paidófilos: cómo se construye el odio

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El discurso anti-paidófilos me fascina por su fuerza, su poder de convencimiento, su incongruencia, su irracionalidad. También por ser tan descaradamente arquetípico: el esquema del discurso es tan estandarizado que casi no permite imaginación. Hagamos un poco de teoría.

El texto es perfecto en el sentido de que es convincente, no verdadero. Un texto discursivo, cuya finalidad última sea la de moldear la opinión de la audiencia, debe ser convincente, no verdadero. Y es un hecho comprobado (por mí) que para ser convincente hay que apelar a los sentimientos, no a la razón. Un demagógo o un político raramente apelan a la inteligencia: se apoyan en la ignorancia y las emociones, y ese es exactamente el caso acá. Un buen texto contra los paidófilos jamás debe apelar a la inteligencia, a los razonamientos o a la lógica, esas cosas no convencen (recuerden que ese es nuestro objetivo) a nadie: debe apelar al prejuicio y sobre todo al asco innato, visceral que las personas sienten por los que tienen una orientación sexual diferente, y especialmente por los paidófilos. Así, un buen (en el sentido de persuasivo) discurso (oral o escrito) contra ellos no debe jamás centrarse en argumentos o razonamientos lógicos sobre la paidófilia o sobre porqué las personas con esta orientación sexual merecen ser detestados: explicar o argumentar es casi una concesión, es entrar en el terreno del otro, escucharlo (para luego refutarlo, sí, pero escucharlo de cualquier modo), elevar al otro a la categoría de persona (algo que a toda costa debemos evitar) que puede entablar una discusión racional. Los paidosexuales están por debajo de los humanos, no merecen ni deben ser escuchados y por eso que dignarse a argumentar, a discutir con ellos es un abusrdo y un desatino si queremos construir un buen discurso, un buen estereotipo.

Como decía, la clave es apelar al asco, no a la razón. Apelar al desprecio y la repulsión que comparte todo el mundo hacia estos pervertidos. Por supuesto, no es el único camino, pero, en mi modesta opinión, es definitivamente le más efectivo.

Ahora bien, ¿qué decir? La respuesta es sencilla: lo que dice todo el mundo. Dijimos que la imaginación no tiene lugar acá y es cierto. Se debe, ante todo, repetir uno por uno todos los clichés, lugares comunes, prejuicios y preconceptos con respecto a estos pervertidos como sea posible. No se le debe dar información al oyente, sino que se le debe confirmar lo que ya sabe o cree. De esa manera se crea seguridad, se refuerza la confianza del lector: es natural que las novedades generen (como primera reacción) sorpresa, estupor, confusión. Por eso, se debe repetir de pe a pa todo lo que el otro espera oír. Esto no significa que no se puedan introducir novedades, por supuesto, pero también, lógicamente, siempre negativas: verbigracia, en vez de violar diez niños los paidófilos violan el doble: veinte. Estas novedades o cosas que el otro no sabía sirven para otorgarle veracidad al texto: si el espectador es sorprendido por algo que no sabía, pero que refuerza o amplía sus prejuicios, tenderá a creer que es verdad y su confianza en el discurso aumentará: a sus ojos, la credibilidad de este crece.

Jamás se debe derribar un mito o prejuicio (sino es para peor, como ejemplificamos antes): los prejuicios son siempre verdad y cuando no lo son, es porque son peores. También por supuesto, se debe apelar a la ciencia. Esto es clave para dilatar la veracidad del discurso. Claro, no a toda la ciencia, ni siquiera a la ciencia de verdad, sino a la que nos conviene, la que nosotros (que no sabemos un pito y jamás tocamos un libro) podemos hacer pasar por ciencia. Lo que digamos no tiene que ser verdad ni mucho menos, tiene que aparentar ser verdad, ser verosímil y presentarlo como un hecho científico irrefutable: verbigracia, “según La Medicina [así con esas palabras] la paidofilia es una enfermedad la cual es castigada por La Justicia en todo el mundo”. O “La Psicología categoriza a estos pervertidos [Usar la mayor cantidad de veces posibles esta palabra] como individuos sádicos, narcicistos y con trastornos mentales diversos incapaces de sentir empatía por sus víctimas [esta frase es genial porque combina dos tácticas en una: mentir y confundir paidofilia con abuso sexual. Y además dicho con toda la autoridad del que sabe]”. Ya está. Perfecto. Las claves son apelar a una “ciencia” o institución superior (La Medicina, La Justicia, La Psiquiatría) y despuiés inventar lo que se nos ocurra.

Al final del texto (esto también es clásico) incluir alguna estadística, números sobre abuso infantil o pornografía infantil. Es OBVIO que si se incluyen es porque tienen algo que ver, ¿no? Por ejemplo, datos sobre la cantidad de niños violados: eso impulsará a la gente a actuar cuánto antes y no a pensar qué carajo tendrá que ver.

¿Cómo decirlo? El estilo es clave. Un buen estilo, una buena prosa, suplanta casi cualquier deficiencia en el texto. Lo potencia y le da vida y poder. Y siendo el discurso antipaidófilo tan magro en ideas, está claro que el estilo lo es todo. Acá hay varias opciones, como en todo, y no me atrevo a decir que una sea mejor que la otra. Son, básicamente, formas de presentar a los pedófilos. Arquetipos. Imágenes preconstruidas que todo el mundo tiene en su cabeza cuando escucha la palabra. Esencialmente son dos.

La primera se reconoce en frases como “esos pobres pervertidos” o “estos enfermitos”. La idea es disminuir a esta gente muy por debajo de la esfera humana: son “enfermitos”, degenerados que toquetean niños porque no pueden mantener relaciones con adultos, son parias, mínimos, despreciables (en todo sentido), pervertidos sin amgiso que tratan de justificar su enfermedad. Cobardes (algo detestable), nimios, excluidos, deprimidos y deprimientes, se prestan a risa y pena, son ridículos, fantoches, risibles. La prosa debe ser casi una burla a estos seres ínfimos que manosean nenes porque se creen chicos, destacar su locura, su enajenación mental, su desapego de la realidad. Es casi como tratar con un adulto retardado que se hace caca en los calzones: se presta a risa, a pena, a desprecio, a asco. Excluidos, parias, locos, mamotretos: seres nimios que merecen ser barridos de la faz de la tierra. Fumigados.

La otra opción es la preferida por Joshua y tantos otros y no cabe duda de que es un maestro de ella: la modalidad paranoica. Los paidófilos son peligrosos, están organizados y vienen por nuestro hijos. La prosa debe ser directa, no recaer tanto en adjetivos sino en verbos. Oraciones cortas, sencillas, aburdas. Se llama a la caza y la quema de todos estos pervertidos mediante verbos tajantes y apelaciones al ahora, al ya. Esa es la clave. Afirmar la existencia de vastas redes de paidófilos dedicados a sescuestrar, violar y torturar niños, redes de pornografía infantil con implicados en el gobierno, la justicia y las altas esferas. Tienen contactos entre ellos y con el poder. Se dedican (es un trabajo casi) a violar niños e intercambiar recuerdos de sus abusos. Es una mafia, una industria gigantesca que mueve miles de millones al año. No tienen remordimientos, piedad ni empatía: violan niños de noche y de día. Son muy peligrosos y si no hacemo algo ya, ahora, van a reclamar sus derechos a violar niños y mañana podríamos estar viviendo en paraíso para estos degenerados. ¿La solución? Exterminio ya, sin piedad, sin dilaciones, encarcelarlos y ejecutarlos antes de que sea muy tarde.

Este discurso se diferencia del anterior, entre otras cosas, por su urgencia, su necesidad de acción ya: estamos en crisis, en las vísperas de un Apocalipsis y ya no hay tiempo para discutir, razonar o argumentar: lo que se necesita es pragmatismo.

Ambos discursos empero, comparten dos supuestos básicos, en el verdadero sentido de la palabra, unas hipótesis de trabajo, los axiomas que guían el discurso y bajo el cual sería imposible o sin el cual perdería mucha de su fuerza:

1)Los paidófilos son abusadores y los abusadores son paidófilos. TODOS.

2)No son humanos.

 

Esto justifica todo lo que viene después: ¿cómo justificar, por ejemplo, el desprecio y la ridiculización de otro sino aceptando que ese otro no es humano? ¿Y cómo se logra esta deshumanización? Ante todo, imponiendo la equivalencia paidófilo-violador. Si se establece esta equivalencia, lo demás viene sólo y es hasta casi lógico: ¿quién osaría defender a un abusador de niños? Nadie, y por eso nadie defiende a los paidosexuales: porque creen que son todos abusadores y por eso su defensa se hace imposible. Además, como lo violadores en general (de niños en especial) no son seres humanos (por aquiescencia de la sociedad), si igualamos ambos conceptos, eso significa que estas “personas” no son  humanos, por simple transitividad de la igualdad.

 

Por otra parte, es necesario crear un mito, ya que no basta con ser un abusador, es vital un arquetipo, un prejuicio, un preconcepto, una idea general y popular de cómo son estos degenerados. Es necesario que sean sádicos, sin empatía, de sangre fría, torturadores de niños, asesinos de bebés. Así, se crea esta especie de imagen, de preconcepto o de concepto popular donde las personas con esta orientación sexual están completa, total e irremediablemente deshumanizados, donde se le atribuyen ciertas características que todos conocen y que saltan a la memoria cada vez que se escucha hablar del tema. Así, estos seres ni siquiera son humanos: son monstruos y eso justifica el discurso y todo lo que sigue al discurso.

Por supuesto, también comparten muchas otras cosas en común: el dislate, la incongruencia, la superficialidad, la enajenación, el desprecio, la trivialidad, el apego por el lugar común, el odio a la lógico, su sostén en el prejuicio, la demagogia, su tono mesiánico, su apego gregario, su prepotencia, la vacuidad de sus ideas, las afirmaciones categóricas, la generalización irresponsable, la demencia, la estolidez.

Son un ejemplo perfecto, de manual, de la demagogia y el golpe de efecto. Carecen de sentido, pero ocultan ese inconveniente con un estilo admirable por su fuera y su capacidad de ocultar completamente, que detrás de esas palabras, de esas frases, no hay nada: absolutamente nada. Las ideas son cáscaras de ideas, huecas por dentro, pero pintadas con colores estridentes. Lo único que hay es odio y prejuicio que intenta, una vez más, gritar para apagar esa vocecita de la razón.

Joshua polémico: “los ideales del Mayo Francés pertenecen a un plano socio-político que el pensamiento posmodernista aniquiló”

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Ya no hay lugar para las revoluciones ni los revolucionarios”, dice, entristecido y reclinado sobre su sillón favorito, Joshua. El lugar es su mansión estilo musulmán del siglo X, cuando los árabes erigieron hermosas e imponentes estructuras durante la ocupación, en las afueras de La Garcha, sobre el mediterráneo.

Estamos en su biblioteca, una ventana abierta deja entrar la cálida brisa del mar, los volúmenes y tomos de enciclopedias y literaturas européas (ahí puedo ver toda una sección dedicada a la prosa inglesa –Kipling, Wilde, Shaw, Stevenson, Conrad- más allá, dos estantes a los germanos –Kafka, Goethe, Schiller, Nietzche, Mann- y podríamos seguir) y americanos llenan por completo las paredes del amplio cuarto. Está acomodado en su sillón, fumando un habano, con una copa de Brandy en la mesita contigua, hojeando un libro que está terminando por estos días (“Revolución burguesa en la estructura feudal”, del historiador irlandés Cumming).

Se lo ve relajado, tranquilo, cómodo: está en su territorio, su lugar, rodeado del saber, donde intenta desentrañar sus misterios según dice: con humildad, pero también con pasión, “como corresponde” afirma con seguridad. Luego larga la primera polémica: “El mundo coetáneo, posmodernista y trivializado aniquiló, enajenando de su esencia, el espíritu de las revoluciones liberales” dice, sabiendo que sus palabras son polémicas, controversiales, que tal vez le granjearán insultos y refutaciones. A él no le importa: el fundamento de su pensar está perfectamente delineado, trazado, sus argumentos son nítidos y claros. Sigue con sus dardos: “a partir del estructuralismo de Strauss y Focault la historia toma claramente una posición anti-marxista, única, donde abstracciones ajenas a la realidad trascendente del individuo empezaron a corporizarse de manera casi ontológica, desgarrando el sentido de necesidad de cambio, de revolución que instauraron los grandes pensadores del siglo XVII y XVIII”. Se detiene un segundo y fuma de su habano. El humo gris, liviano, inunda la habitación. Me mira, incisivo: sabe que lo que acaba de decir es polémico, controvertido, hereje lo considerarían muchos. Espera una reacción ante semejante osadía de pensamiento. Yo, intentando digerir la profundidad de su discurso, escapo a su mirada penetrante y dejo que mis ojos vaguen por la enorme biblioteca. Localizo un volumen que me llama la atención: “Vanguardias del siglo XX”, del artista y crítico de arte Le Garomp. Lo comento. Afirmo que siempre lo había imaginado más apegado al clasicismo en el arte que a la avant-garde. Se ríe juguetonamente, con una sonrisa me contesta: “Puede ser. Esa impresión es común según me han dicho. Pero considero que un pensamiento revolucionario sólo puede ir acompañado de un arte revolucionario”. La coherencia de su inteligencia me ruboriza: en el ideal de artistas como Sastre o el mismo Le Garomp, considera que arte (o por lo menos un arte) y rebelión son lo mismo. Sus referencias eruditas continúan: “a partir del pop-art, o aún antes, yo diría a partir del expresionismo abstracto, se ve un quiebre, una fisura en la relación dual, esencial, entre Yo y Sociedad. A partir de entonces se crea una brecha, que trasciende ampliamente la esfera externa, política –o lo que el filósofo sueco Larv denominó ‘Campo del actuar’- y que se ubica en un lugar más, por así decirlo, psíquico, de irrealidad insustancial pero coherencia interna. Esa es la gran diferencia. Proceso que por supuesto abarca las décadas de la afirmación de la megalópolis como ‘campo del actuar’ por excelencia”.

La profundidad de su pensamiento me abruma y, porqué no admitirlo, excita. Joshua me mira y espera una respuesta, de aquiescencia, refutación o duda. Su saber me excita y le propongo ir a su pieza, aprovechando la soledad de su casa, para seguir discutiendo más tranquilos en su cama. Él me mira, se ríe y dice “cómo no”. Y nos vamos. El resto, imagínenselo ustedes.

Tendencia: este verano tampoco volverían a causar furor ni los pechos grandes ni las arrugas entre los paidófilos

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Los expertos vaticinan que el 2010 será un año en el que “los pechos grandes, los traseros generosos, las cinturas marcadas y el desarrollo hormonal continuarán sin encontrar arraigo en los gustos de los paidófilos heterosexuales”. “En ese sentido, este año será exactamente igual al anterior y a todos los demás: los paidosexuales seguirán prefiriendo a una niña completamente plana de adelante que a una jovencita toda desarrollado con busto generoso. Una pena, pensábamos que la moda iba a cambiar, pero no” concluyen.

Sociologos preveen que en la década que empieza la Ilustración estará más out que nunca pero que causarán furor la desnutrición infantil y el cine en 3D

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Un grupo de reputados sociólogos tuvo a cargo la confección de lo que, en su opinión, constituirá lo in y lo out de la década (la segunda del siglo XXI) que ya llegó. Al parecer, la filosofía, la discusión civilizada y el espíritu de la Ilustración y el positivismo ya estarían completamente out en la lista de tendencias. En cambio, para la década que comienza se espera que el consumo desenfrenado en shoppings, el racismo y la xenofobia y el cine en 3D causen furor en los países desarrollados, mientras que el hambre, la desnutrición y el analfabetismo constituirán todo un boom en el resto del mundo.

Por otra parte un grupo de pensadores contrario respondió al estudio diciendo que era “una pelotudez”, y afirmó que “la mentira del cine en 3D se acaba en dos o tres años. Donde está la guita ahora es en los videojuegos 3D y los e-reades”. Ya hay polémica.

Crónicas EXTREMAS. Hoy: leyendo a Proust

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A este humilde servidor de usted, apasionado lector, siempre le ha interesado –con sencillez lo digo, sin querer hacer un juicio de valor- sumergirse en la buena literatura, en las letras, en el mundo del pensamiento y las bellas artes. Harry Potter (especialmente el excelso “La piedra filosofal”), Dan Brown, Crepúsculo, Paulo Coelho: todos ellos, autores y obras dispares entre sí, es cierto, con distintos mensajes y estilos, pero que me han acompañado a lo largo de interminables viajes en subte, en tren, en colectivo, en auto (como acompañante, por supuesto, jamás manejando), en espera de médicos, dentistas, cirujanos, filas de conciertos, de supermercado, para pagar el gas, la luz, la casa, el cable, las cuotas del viaje a Chapalmalá. Han sido y son mis grandes compañeros (y, porqué no, amigos) silenciosos. Y, como considero que se debe hacer en la vida, siempre trato de encontrar nuevos amigos, nuevos “compañeros de ruta”. Es por eso que hoy, en esta fecha, de tarde y en mi hogar, trato de abordar a un escritor llamado Marcel Proust. No es muy conocido. En la fila para comprar en el almacén le pregunté a mi vecina, dona Rita, si lo había leído, y me dijo que no, que lo único que leía eran los prospectos de los medicamentes y hasta para eso necesitba ayuda del nieto cuando la letra era muy chiquita. Le agradezco su respuesta, avanzo en la fila, pero me decido a preguntarle a alguien más. Más tarde le pregunto a un amigo si lo había leído y me dice que sí, que lo leyó, pero que “es para putos”. En efecto, según averigüé más tarde, Marcel Proust era puto (u “homosexual” como se dice ahora), pero no temo que eso afecte mi sexualidad: mi hombría está bien definida y leer un libro no me va a hacer invertido. Así que, curioso y decidido ya, compro los siete libros que integran su novela “En busca del tiempo perdido”. Sí, es toda una sola novela, pero viene siete libros diferentes: “Por el camino de Swann”, “A la sombra de las muchachas en flor”, “El mundo de los Guermantes”, “Sodoma y Gomorra”, “La prisionera”, “La fugitiva” y “El tiempo recobrado”. Admito que adquirir los libros constituyó un considerable esfuerzo económico, ya que cada uno de ellos era un volumen distinto que se abonaba, por supuesto, por separado. Así que era como comprar siete libros (grandes por otra parte) así de una , como si nada, lo cual lógicamente, y especialmente en estos días de crisis (porque sí, la crisis del sistema capitalista persiste, por más que los “gurúes” de la economía digan lo contrario, que no que ya salimos: no salimos nada, mi billetera está cada día más flaca), es todo un esfuerzo y un gasto importante.

Así, ya en mi casa, con la novela “En busca del tiempo perdido” completa por sus siete tomos: “Por el camino de Swann”, “A la sombra de las muchachas en flor”, “El mundo de los Guermantes”, “Sodoma y Gomorra”, “La prisionera”, “La fugitiva” y “El tiempo recobrado” me siento en mi sillón favorito, los volúmenes apilados en la mesita contigua, uno arriba del otro: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete. Los siete forman un relato de más de mil páginas, lo cual es abrumador. ¿Qué puede ser lo que tenía para decir Proust que le llevó más de mil páginas decirlo? No lo sé, pero la pregunta me inquieta, así que tomo el volumen uno de la novela, titulado “Por el camino de Swann” y lo abro en el primer capítulo, particularmente en la primera página. Sé que estoy ante un escritor serio, importante, así que trato de concentrar todos mis sentidos y destreza intelectual (lamentablemente un poco embotados por esas copillas de alcohol que descuidadamente tomé al llegar a casa) en la lectura de, dicen, esta obra magna del Siglo XX.

Leo la primera frase: “

Mucho tiempo he estado acostándome temprano. A veces
apenas había apagado la bujía, cerrábanse mis ojos tan presto, que ni
tiempo tenía para decirme: «Ya me duermo» . Y media hora después
despertábame la idea de que ya era hora de ir a buscar el sueño; quería
dejar el libro, que se me figuraba tener aún entre las manos, y apagar de
un soplo la luz; durante mi sueño no había cesado de reflexionar sobre
lo recién leído, pero era muy particular el tono que tomaban esas
reflexiones, porque me parecía que yo pasaba a convertirme en el tema
de la obra, en una iglesia, en un cuarteto, en la rivalidad de Francisco
I y Carlos V.

”.Guaug. Me detengo a analizar su significado, a comprenderla, a saborearla. Tomo una copilla más. Lamentablemente, me parece que me detuve demasiado porque cuando me desperté ya eran las doce de la noche pasadas y al otro  día me tenía que levantar temprano.

Written by porlaverdad3

18/03/2010 at 16:06

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Crónicas EXTREMAS. Hoy: instalando Windows 7

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A todos nos ha surgido alguna vez una pasión natural – y a los que no al menos se la han ido metiendo, a la pasión quiero decir, los medios de comunicación- por las nuevas tecnologías, por la ciencia que avanza a pasos agigantados, por las maravillas del hombre moderno, por los deslumbrantes nuevos juguetes ( o “chiches” o “gadgets” ) electrónicos. Uno los ve a todos estos soberbios exponentes del progreso y la tecnología –teléfonos celulares, walkmans, compacteras, computadores- e inevitablemente desea sumarse, ser parte de la hermosamente denominada “aventura del hombre”. Contribuir, desde su humilde posición, al progreso de la sociedad industrializada, global, electrónica.

Es por eso que decidí la compra del ya no tan nuevo, aunque de todos modos bastante, “Windows 7” (que, según me dicen los que saben, se pronuncia “güindous seben”). Ya en mi hogar, y luego de haber abonado en mi casa amiga de equipos electrónicos la ya no tan flamante versión del sistema operativo “Windows”, me dispuse a, como se llama en la jerga, “instalarlo”. Instalar un programa de computadoras no es de ningún modo como instalar, digamos, una cañería, un red de gas o como “instalarse” en el sillón. No. Se podría decir que –de cierta manera- es mucho más fácil (que las dos primeras opciones, no que la del sofá). Uno tan solo debe apretar con el “ratón” unos botones y ya está. La máquina lo hace todo. Es por eso que, confiado y alegre por mi compra, me siento enfrente del computador, lo prendo e introduzco el CD (o mejor dicho: DVD) en la compactera. Aguardo. Luego de unos momentos me aparece una nueva pantalla, en donde la corporación Microsoft (uno de las mayores fabricantes de estas maravillas electrónicas de las que hablábamos al comienzo) me da la bienvenida a su nuevo “sistema operativo” y me agradece por haberlos elegido a ellos (eso me hace preguntarme si tenía otra opción para elegir, aunque esa es otra cuestión). Luego me menciona que debo apretar con el ratón en el botón que dice “Siguiente” para continuar con el proceso de instalación. Lo hago. A partir de allí todo se sucede rápidamente. Continúo apretando botones (la máquina lo hace todo sola) hasta que me aparece una pantalla “de carga”. Una barra, que avanza lentamente, me informa de que el nuevos sistema operativo de Microsoft, Windows 7, se está instalando. Ahora, sólo debo esperar. Espero. En la pantalla aparece un numerito que dice “2%”. Falta. Sigo esperando. Me relajo en la silla y dejo vagar mi mirada por el cuarto. No sólo dejo vagar mi mirada, sino también mi mente. Perezosamente, claro está, estoy relajado, tranquilo, amodorrado, no comienzo a reflexionar sobre el sentido de la vida o sobre si la literatura el escritor Jorge Luis Borges es alegórica o no (a pesar de que él no les tenía mucho aprecio a las alegorías). No. Pienso en cosas sencillas, mundanas, como en qué voy a comer a la noche o si Elle Fanning ya está muy vieja. Miro al techo. Me desperezo. Vuelvo a mirar el monitor del computador. Todavía dice “2%”. Puta madre se colgó.

Written by porlaverdad3

16/03/2010 at 16:06

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Crónicas EXTREMAS: Mi amigo pablito clava un clavito. Cómo lo hace. Entrevista

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Tengo un amigo que se llama Pablo, pero le decimos pablito. Es sabido que a la gente con nombres cortos, más allá de que siempre pueda salir algún apodo relacionado con, por ejemplo, algún defecto –o virtud más raramente- físico, alguna manía o algún gusto particular, se los suele llamar afectuosamente –claro está- con un diminutivo de su nombre. Por ejemplo, Pedro: pedrito. O Luis: luisito. Nadie va a decir “Carolinita” por Carolina o “Alfonsito” por Alfonso. Pues bien, Pablo es un nombre corto. Cinco letras: P, A, B, L, O. Claro, usted, amable lector, amable lectora, podría argumentar que el número  de letras no de ningún modo un criterio válido para determinar si un nombre es largo o corto, dado que, para empezar, nadie determinó cuántas letras constituyen un nombre “largo” y cuántas (letras, se entiende) uno “corto”. Pues bien, analizar esta cuestión sería entrar en una digresión a la cual, como hombre conciso y claro que soy, cuyo más noble objetivo es informar, e informar bien, a la gente, debo evitar, aún si esta decisión me granjea críticas malintencionadas y censuras por parte de mis opositores. Allá ellos. Yo, como periodista y como persona, llevo la conciencia tranquila de saber que cumplo con mi deber de informar, como ya mencioné, de manera concisa y clara, como también ya mencioné.

Pues bien, mi amigo pablito –así le decimos, de manera cariñosa- quería clavar un clavito. ¿Un clavito? Preguntará el lector. ¿Porqué no un clavo o un clavote, a la sazón? Pues bien, para una persona ignorante (y esto no es de ninguna manera un insulto, ya que a mi no me molestaría que me dijieran ignorante en, por ejemplo, física electroatómica, ya que claramente ese no es mi campo de estudios ni de trabajo, y soy de esos hombres que creen, con dignidad, que ser ignorante en un campo cualquiera –como por ejemplo la física electroatómica, si bien no es motivo de orgullo, de ninguna manera –este es mi punto- motivo de vergüenza, ya que todos ignoramos algo –como yo, verbigracia, la física electroatómica- en algún campo, nadie lo sabe todo y todos debemos ir aprendiendo día a día cosas nuevas, esa es por lo menos mi filosofía de vida personal) un clavito, un clavo o un clavote no se diferencian en nada, o en cosas mínimas, como el tamaño. Esto es claramente un error, ya que si sólo se diferenciaran en el tamaño –y no lo hacen- no habría necesidad alguna de usar tres nombres distintos para lo que es, prácticamente, la misma cosa: bastaría usar la palabra “clavo” y luego un número para indicar el tamaño, como “clavo N°1” (o llanamente “clavo 1”), “clavo N°2” (o “clavo 2”), “clavo N°3” (o “clavo 3”), etcétera.

No, las diferencias son más profundas y me encantaría poder discutirlas con usted que me lee con pasión, pero lamentablemente el tiempo se me acaba y debo partir.

Written by porlaverdad3

14/03/2010 at 16:03

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Crónicas EXTREMAS de porlaverdad3. Hoy: me como un pancho mientras espero el tren. Las dudas a la hora de elegir mayonesa o mostaza.

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Las cosas de la vida (tantas buenas como malas, ya que las hay de ambas clases y quién puede negar haber sufrido –Dios no quiera- tanto desgracias, algunas, es cierto, de las denominadas popularmente “con suerte”, pero otras lamentablemente “sin suerte” –aunque esto no se diga o por lo menos yo jamás lo escuché-, a las que hago especial referencia cuando hablo de “cosas malas de la vida”; como asimismo haber gozado momentos de alegría, de felicidad, los cuales constituirían la parte de “cosas buenas de la vida”) a veces lo llevan a uno a necesitar un medio de transporte, ya sea un auto, una moto, una motoneta, un colectivo, un subte, una bicicleta, un avión, un bimotor, una lancha, un barco, un monopatín o un tren. En mi caso, no necesitaba ni un auto, ni una moto, ni una motoneta, ni un colectivo, ni un subte, ni una bicicleta, ni un avión, ni un bimotor, ni una lancha, ni un barco, ni un monopatín, sino un tren. Así que fui al lugar por el cual se puede, primero abonar (tanto con el importe justo como con un billete, lo cual tiene la ventaja de que, si por ejemplo, uno no cuenta con monedas igual puede ubicarse en una fila, esperar algunos minutos a que avance y luego darle un billete –de dos, de cinco, de diez, de veinte, de cincuenta o de cien, o cualquier combinación entre las seis denominaciones- a la señora o señor que atiende en la ventanilla e indicarle nuestro lugar de destino, y luego de esperar algunos segundos, en general nunca más de diez, recibir, por debajo del vidrio –que cuenta con una abertura para el caso- que nos separa a ambas personas, el boleto que nos permitirá, ahora sí, acceder al tren en calidad de legítimo pasajero, junto con el cambio correspondiente, debiendo uno sólo agarrar ambos –el boleto y el cambio correspondiente- y retirarse de la fila para darle la posibilidad al que está detrás nuestro de poder adquirir también su pasaje, y también para poder dirigirnos hacia el tren que corresponde a nuestro viaje ) el boleto que me permitirá ingresar al tren, para luego esperar, ya en el andén, rodeado de humo de hamburguesas y chorizos, olor a pizza y cumbia con el volumen alto, a que el bendito tren llegue de una buena vez.

Written by porlaverdad3

12/03/2010 at 16:02

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Crónicas EXTREMAS de porlaverdad3. Hoy: me compré una playboy. Mis reacciones

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La revista mensual Playboy es la publicación pornográfica (o tal vez la palabra más correcta es erótica) mensual más importante del mundo, como acreditan sus más de 50 años de trayectoria y ediciones locales en decenas de países del globo. Fundada en los 60s en los EE.UU (que algunos incomprensiblemente denominan “América” cuando es claro que América es un continente conformado por Argentina, Chile –que sufrió la tragedia de un terremoto recientemente-, Uruguay, Bolivia, Perú, basil, Colombia, Ecuador, Venezuela, los tres países esos al lado de Venezuela de los cuales nunca recuerdo el nombre –aunque me parece que era algo con Guyana o algo así-, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, que en los últimos tiempos estuvo en los televisores de todo el mundo a causa del golpe de estado que derrocó a su legítimo presidente, Zelaya, El Salvador, Guatemala, Puerto Rico, Haití –que también estuvo presente en las noticias a causa del destructivo sismo que mató a casi doscientas mil personas-, Cuba, República Dominicana, México, Canadá y hasta Groelandia si uno quiere, sumadas a las numerosas islas del caribe bajo el dominio de distintos y variopintos países) es hoy un referente para todos aquellos hombres cuya orientación sexual es lo que se denomina “heterosexualidad”, aunque esta palabra sea totalmente inadecuada ya que un paidófilo hombre atraído por las niñas es, en rigor, heterosexual y por lo tanto se evidencia la necesidad de otra palabra, como “teleófilo” (cuya traducción al inglés existe) para denominar a los hombres atraídos por mujeres adultas o jóvenes.

¿La revista? Bien, muy linda.

Written by porlaverdad3

10/03/2010 at 16:02

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Invasor Zim: una serie nunca reconocida como se debe

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¿Un programa de dibujitos animados para niños misántropo? Parece increíble, pero existió y se llamó Invasor Zim.

 

Invader Zim fue uno de los últimos (sino el último) dibujito de la época de oro de Nicktoons. Todos (al menos los que mamamos de las gloriosas caricaturas de los90s en nuestra infancia) conocemos el declive y la decadencia absoluta que hundió a ese bloque y canal como a tantos otros. Admitámoslo: los dibujitos de hoy en día son basura y los chicos de hoy jamás conocerán glorias como Rocko, Castores Cascarrabias o Ren y Stimpu o las verán y les parecerán demasiadas “raras”, “difíciles” (¡un dibujito animado difícil!). En los 90s se respiraban aires de libertad, de desenfado, de sana y gloriosa locura en la animación, como si se intentara llevar el País de las Maravillas a la TV. Hoy, la animación para niños despierta bostezos de lo chata, poco imaginativa y moralista que es, mientras que la de los adultos despierta bostezos por lo falsamente transgresiva, lo poco jugada y lo “seria” que es. El humor y el desenfado se perdieron irremediablemente.

Zim marca la última gran serie de fines de los 90s y verdaderamente su estilo es demasiado diferente al de otras perlas de Nicktoons. Conserva el absurdo y el sinsentido de Los castores cascarrabias, pero donde aquí aquellos se evidencian ante las surrealistas aventuras de dos hermanos palmípedos, en Zim se presentan ante la irrealidad y la falta de lógica del mundo contemporáneo.

Conserva el colorido de Rocko, pero con tonos más contrastados, grotescos, y casi fantasmagóricos, por momentos dark, por momentos espectral. Conserva el estilo artístico de Ay monstruos, pero en Invasor Zim todo es sucio, asqueroso, decadente, está roto o manchado, el mundo es un lugar de seres repulsivos y fantoches, que ensucian todo lo que tocan, pero con la diferencia clave de que en el Ay monstruos la suciedad y la decadencia se explican por estar ambientada en la vida de seres que habitan en las cloacas, mientras que Invasor Zim se sitúa en una ciudad común y corriente, bajo el sol: para el protagonista, la tierra es una cloaca y los humanos monstruos. Como si Taxi Driver se encontrara con La naranja mecánica.

Creo que la principal característica, que no sé si ha sido suficientemente resaltada, de Invasor Zim es una brutal misantropía. Esto es comprensible, dado que la historia está contada desde la perspectiva de un alienígena torpe y ambicioso que llegó al planeta Tierra para conquistarlo él solo, así que su odio a la raza humana es entendible. En los distintos capítulos nos situamos en el persona de éste extraterrestre que considera a los humanos como poco más que insectos y vemos lo que él ve: y lo que ve es un mundo repulsivo, absurdo, ilógico, habitado por seres idiotas o malvados, un lugar contaminado y decadente que merece ser justamente aniquilado. Sí, es una especie de Taxi Driver. Al igual que este personaje, Zim considera que el mundo debe ser limpiado; donde aquel ve calles llenas de putas, políticos, corruptos, ladrones, proxenetas y asesinos, éste las ve llenas de monos que saben usar computadoras; donde aquel ruega por “una gran lluvia que limpie las calles”, Zim busca una gran invasión que esclavice y extermine merecidamente a estos chimpancés. En ambas obras este mecanismo kafkiano de extrañamiento ante lo que es la (i)rrealidad cotidiana es posible gracias a la visión de alguien al margen, excluido de la sociedad, que la ve desde afuera como corrupta y decadente: en un caso un veterano de guerra solitario y dejado de lado por su propio país, en el otro un extraterrestre solitario dejado de lado por su especie.

La mención a Kafka no es casual: Invasor Zim alcanza en muchos momentos altitudes kafkianas: desde un robot disfrazado de peluche que ve televisión idiotizado el programa interminable de un mono que lo único que hace es gruñir y hurgarse la nariz en primerísimo primer plano, hasta el extrañamiento de Zim ante las modalidades de conducta humana como la amistad, pasando por un alien (como el de la película de Cameron) que trabaja en un McDonalds y es despedido por “asesinar de nuevo a un cliente”. Una vez más, lo que está presente acá es la sensación de falta de sentido que domina las relaciones y actividades humanas y sobre todo la extrañeza (la angustia) ante estas relaciones y modalidades.

El dibujo en la serie es oscuro, gótico, recargado. Los personajes gritan y se dejan llevar por una desesperación casi visceral en ocasiones. Los adultos y los niños son estúpidos o son malvados y groseros (notable excepción la del papá de Dib, pequeño que conoce la identidad oculta de Zim y busca a toda costa revelársela al mundo), Las personas parecen actuar de formas completamente absurdas, llevadas por una enajenación y una apatía casi sin límites: gritan, se revuelcan, tienen terror, pero nadie parece querer hacer nada y a nadie le importa nada.

Invasor Zim no tuvo gran acogida. Los niños la encontraron demasiado adulta y los adolescente semos y darks vieron solamente la estética y el estilo, haciendo de ella su bandera y por lo tanto condenándola irremediablemente. Nadie vio o quiso ver, el verdadero espíritu de la seire: no es un programa “dark” o “random” (como alega por ejemplo la celebérrima Pinguin of doom), ni con un absurdo fabricado ad-hoc y carente de humor (como tantas porquerías de Adult Swim). El verdadero espíritu del programa está en la manera brutal, absurda y misántropo de retratar a la raza humana, haceros ver como lo que somos: monos cabezones que gruñen y se hurgan la nariz.

Ah, y además es extremadamente divertida.

Written by porlaverdad3

08/03/2010 at 15:59

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Terremoto en Chile: mueren 800 personas y 13 pedófilos

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El terrible sismo que asotó Chile durante la mañana del 27 de febrero ha pasado, pero sus consecuencias todavía se sienten en la sociedad chilena. Al habitual tendal de destrucción, pánico y daño materiales que suelen dejar estas tragedias se le debe agregar la lamentable pérdida de vidas humanas, y no humanas. El ministerio del interior de la república trasandina emitió un comunicado informando acerca de las miles de personas heridas a consecuencia de los temblores y los derrumbes, así como la triste pérdida de “800 vidas de seres humanos, sin contar paidófilos por supuesto”. El ministro detallo que más de ochocientas personas murieron por el sismo, cientos de animales perecieron y miles de árboles fueron arrancados de raíz, pero que “entre tanta destrucción, lamentablemente sólo murieron trece míseros pervertidos”. Los diarios de todo Chile se llenaron durante la semana con condolencias por “los seres humanos, animales y vegetales que murieron”, pero, al contrario del ministro del interior, consideraron que “entre tanta tragedia y tristeza, por lo menos podemos rescatar algo positivo como es la muerte de trece degenerados.” Los periódicos y noticieros de todo el país no dudaron en calificar al terremoto como “una desgracia con suerte”.

Written by porlaverdad3

07/03/2010 at 16:19

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Polémico: porqué la gente le tiene más aprecio a un cineasta violador que a un paidófilo que no violó a nadie

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“Una cosa es haber violado a una pendejita de 14 años hace décadas, eso lo podemos entender, después de todo 14 años ya no es más niña. Cualquiera comete errores en la vida. Pero una cosa muy diferente es sentirse atraído por las niñas, eso sí que no, eso es imperdonable, una degeneración terrible” dijo el director del festival de Cine de Berlín, donde Roman Polanski (cineasta acusado de violar a una chica –no niña- de 14 años) obtuvo el “premio apoyo” como mejor director. “Es cien veces mejor haber violado a una chica de 14 que ser paidófilo y no tocar jamás a una niña” explica. Esto viene sumado a las declaraciones de apoyo que recibió Polanski por parte de distintas personalidades del espectáculo. Todos coinciden en que Polanski “cometió un error. Aparte no la amaba, es decir que no era un degenerado de mierda. Lo imperdonable es sentirse atraído por las niñas, no importa si se actúa o no en base a esa atracción, no violar a una joven. Amar a las niñas, respetarlas quererlas y cuidarlas es una asquerosidad.” Aparte, en el mundo del cine reconocen que “Polanski hizo grandes contribuciones a la humanidad, como filmar, “El pianista”, en cambio qué aporta un paidosexual a la socidad? Nada” concluyen todos.

Written by porlaverdad3

06/03/2010 at 15:59

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Sorpresa y alivio: la ONU presentó su Declaración de Derechos Humanos especial para paidófilos: una hoja en blanco

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“Creemos que esto sintetiza mejor que cualquier otra cosa los derechos que tienen los paidófilos” declaró el presidente de la ONU al presentar en público la Declaración de los Derechos Humanos Especial para paidófilos. “Sucede que considerábamos que cosas como el derecho a la dignidad, a la vida o a la libertad de expresión no valían en el caso de los paidófilos, y nos dimos cuenta que los paidófilos son ‘especiales’. Es decir, no tienen los mismos derechos o garantías constitucionales que el resto de los ciudadanos de bien” “Cosas que uno aceptaría en la peor de las basuras, en el caso de los paidófilos no se aplican” -prosiguió-“así que consideramos oportuno crear una declaración de derechos especial para los paidófilos, separados del resto de la humanidad” dijo al presentar la flamante declaración de derechos: una lustrosa e inmaculada hoja A4 en blanco. Ya se confirmó que la mayor parte de los países del globo adherirían a ella y la incorporarían a sus respectivas constituciones nacionales. Todo un avance y un alivio para la Humanidad.

Humor negro

“Cojer es lo mismo que violar. La única diferencia es un ‘sí’.”

Written by porlaverdad3

02/03/2010 at 07:50

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