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Crónicas EXTREMAS: Mi amigo pablito clava un clavito. Cómo lo hace. Entrevista

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Tengo un amigo que se llama Pablo, pero le decimos pablito. Es sabido que a la gente con nombres cortos, más allá de que siempre pueda salir algún apodo relacionado con, por ejemplo, algún defecto –o virtud más raramente- físico, alguna manía o algún gusto particular, se los suele llamar afectuosamente –claro está- con un diminutivo de su nombre. Por ejemplo, Pedro: pedrito. O Luis: luisito. Nadie va a decir “Carolinita” por Carolina o “Alfonsito” por Alfonso. Pues bien, Pablo es un nombre corto. Cinco letras: P, A, B, L, O. Claro, usted, amable lector, amable lectora, podría argumentar que el número  de letras no de ningún modo un criterio válido para determinar si un nombre es largo o corto, dado que, para empezar, nadie determinó cuántas letras constituyen un nombre “largo” y cuántas (letras, se entiende) uno “corto”. Pues bien, analizar esta cuestión sería entrar en una digresión a la cual, como hombre conciso y claro que soy, cuyo más noble objetivo es informar, e informar bien, a la gente, debo evitar, aún si esta decisión me granjea críticas malintencionadas y censuras por parte de mis opositores. Allá ellos. Yo, como periodista y como persona, llevo la conciencia tranquila de saber que cumplo con mi deber de informar, como ya mencioné, de manera concisa y clara, como también ya mencioné.

Pues bien, mi amigo pablito –así le decimos, de manera cariñosa- quería clavar un clavito. ¿Un clavito? Preguntará el lector. ¿Porqué no un clavo o un clavote, a la sazón? Pues bien, para una persona ignorante (y esto no es de ninguna manera un insulto, ya que a mi no me molestaría que me dijieran ignorante en, por ejemplo, física electroatómica, ya que claramente ese no es mi campo de estudios ni de trabajo, y soy de esos hombres que creen, con dignidad, que ser ignorante en un campo cualquiera –como por ejemplo la física electroatómica, si bien no es motivo de orgullo, de ninguna manera –este es mi punto- motivo de vergüenza, ya que todos ignoramos algo –como yo, verbigracia, la física electroatómica- en algún campo, nadie lo sabe todo y todos debemos ir aprendiendo día a día cosas nuevas, esa es por lo menos mi filosofía de vida personal) un clavito, un clavo o un clavote no se diferencian en nada, o en cosas mínimas, como el tamaño. Esto es claramente un error, ya que si sólo se diferenciaran en el tamaño –y no lo hacen- no habría necesidad alguna de usar tres nombres distintos para lo que es, prácticamente, la misma cosa: bastaría usar la palabra “clavo” y luego un número para indicar el tamaño, como “clavo N°1” (o llanamente “clavo 1”), “clavo N°2” (o “clavo 2”), “clavo N°3” (o “clavo 3”), etcétera.

No, las diferencias son más profundas y me encantaría poder discutirlas con usted que me lee con pasión, pero lamentablemente el tiempo se me acaba y debo partir.

Written by porlaverdad3

14/03/2010 a 16:03

Publicado en Miscelanea

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