All of old. Nothing else ever. Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better.

Nothing else ever

Teoría y análisis del discurso anti paidófilos: cómo se construye el odio

leave a comment »

 

El discurso anti-paidófilos me fascina por su fuerza, su poder de convencimiento, su incongruencia, su irracionalidad. También por ser tan descaradamente arquetípico: el esquema del discurso es tan estandarizado que casi no permite imaginación. Hagamos un poco de teoría.

El texto es perfecto en el sentido de que es convincente, no verdadero. Un texto discursivo, cuya finalidad última sea la de moldear la opinión de la audiencia, debe ser convincente, no verdadero. Y es un hecho comprobado (por mí) que para ser convincente hay que apelar a los sentimientos, no a la razón. Un demagógo o un político raramente apelan a la inteligencia: se apoyan en la ignorancia y las emociones, y ese es exactamente el caso acá. Un buen texto contra los paidófilos jamás debe apelar a la inteligencia, a los razonamientos o a la lógica, esas cosas no convencen (recuerden que ese es nuestro objetivo) a nadie: debe apelar al prejuicio y sobre todo al asco innato, visceral que las personas sienten por los que tienen una orientación sexual diferente, y especialmente por los paidófilos. Así, un buen (en el sentido de persuasivo) discurso (oral o escrito) contra ellos no debe jamás centrarse en argumentos o razonamientos lógicos sobre la paidófilia o sobre porqué las personas con esta orientación sexual merecen ser detestados: explicar o argumentar es casi una concesión, es entrar en el terreno del otro, escucharlo (para luego refutarlo, sí, pero escucharlo de cualquier modo), elevar al otro a la categoría de persona (algo que a toda costa debemos evitar) que puede entablar una discusión racional. Los paidosexuales están por debajo de los humanos, no merecen ni deben ser escuchados y por eso que dignarse a argumentar, a discutir con ellos es un abusrdo y un desatino si queremos construir un buen discurso, un buen estereotipo.

Como decía, la clave es apelar al asco, no a la razón. Apelar al desprecio y la repulsión que comparte todo el mundo hacia estos pervertidos. Por supuesto, no es el único camino, pero, en mi modesta opinión, es definitivamente le más efectivo.

Ahora bien, ¿qué decir? La respuesta es sencilla: lo que dice todo el mundo. Dijimos que la imaginación no tiene lugar acá y es cierto. Se debe, ante todo, repetir uno por uno todos los clichés, lugares comunes, prejuicios y preconceptos con respecto a estos pervertidos como sea posible. No se le debe dar información al oyente, sino que se le debe confirmar lo que ya sabe o cree. De esa manera se crea seguridad, se refuerza la confianza del lector: es natural que las novedades generen (como primera reacción) sorpresa, estupor, confusión. Por eso, se debe repetir de pe a pa todo lo que el otro espera oír. Esto no significa que no se puedan introducir novedades, por supuesto, pero también, lógicamente, siempre negativas: verbigracia, en vez de violar diez niños los paidófilos violan el doble: veinte. Estas novedades o cosas que el otro no sabía sirven para otorgarle veracidad al texto: si el espectador es sorprendido por algo que no sabía, pero que refuerza o amplía sus prejuicios, tenderá a creer que es verdad y su confianza en el discurso aumentará: a sus ojos, la credibilidad de este crece.

Jamás se debe derribar un mito o prejuicio (sino es para peor, como ejemplificamos antes): los prejuicios son siempre verdad y cuando no lo son, es porque son peores. También por supuesto, se debe apelar a la ciencia. Esto es clave para dilatar la veracidad del discurso. Claro, no a toda la ciencia, ni siquiera a la ciencia de verdad, sino a la que nos conviene, la que nosotros (que no sabemos un pito y jamás tocamos un libro) podemos hacer pasar por ciencia. Lo que digamos no tiene que ser verdad ni mucho menos, tiene que aparentar ser verdad, ser verosímil y presentarlo como un hecho científico irrefutable: verbigracia, “según La Medicina [así con esas palabras] la paidofilia es una enfermedad la cual es castigada por La Justicia en todo el mundo”. O “La Psicología categoriza a estos pervertidos [Usar la mayor cantidad de veces posibles esta palabra] como individuos sádicos, narcicistos y con trastornos mentales diversos incapaces de sentir empatía por sus víctimas [esta frase es genial porque combina dos tácticas en una: mentir y confundir paidofilia con abuso sexual. Y además dicho con toda la autoridad del que sabe]”. Ya está. Perfecto. Las claves son apelar a una “ciencia” o institución superior (La Medicina, La Justicia, La Psiquiatría) y despuiés inventar lo que se nos ocurra.

Al final del texto (esto también es clásico) incluir alguna estadística, números sobre abuso infantil o pornografía infantil. Es OBVIO que si se incluyen es porque tienen algo que ver, ¿no? Por ejemplo, datos sobre la cantidad de niños violados: eso impulsará a la gente a actuar cuánto antes y no a pensar qué carajo tendrá que ver.

¿Cómo decirlo? El estilo es clave. Un buen estilo, una buena prosa, suplanta casi cualquier deficiencia en el texto. Lo potencia y le da vida y poder. Y siendo el discurso antipaidófilo tan magro en ideas, está claro que el estilo lo es todo. Acá hay varias opciones, como en todo, y no me atrevo a decir que una sea mejor que la otra. Son, básicamente, formas de presentar a los pedófilos. Arquetipos. Imágenes preconstruidas que todo el mundo tiene en su cabeza cuando escucha la palabra. Esencialmente son dos.

La primera se reconoce en frases como “esos pobres pervertidos” o “estos enfermitos”. La idea es disminuir a esta gente muy por debajo de la esfera humana: son “enfermitos”, degenerados que toquetean niños porque no pueden mantener relaciones con adultos, son parias, mínimos, despreciables (en todo sentido), pervertidos sin amgiso que tratan de justificar su enfermedad. Cobardes (algo detestable), nimios, excluidos, deprimidos y deprimientes, se prestan a risa y pena, son ridículos, fantoches, risibles. La prosa debe ser casi una burla a estos seres ínfimos que manosean nenes porque se creen chicos, destacar su locura, su enajenación mental, su desapego de la realidad. Es casi como tratar con un adulto retardado que se hace caca en los calzones: se presta a risa, a pena, a desprecio, a asco. Excluidos, parias, locos, mamotretos: seres nimios que merecen ser barridos de la faz de la tierra. Fumigados.

La otra opción es la preferida por Joshua y tantos otros y no cabe duda de que es un maestro de ella: la modalidad paranoica. Los paidófilos son peligrosos, están organizados y vienen por nuestro hijos. La prosa debe ser directa, no recaer tanto en adjetivos sino en verbos. Oraciones cortas, sencillas, aburdas. Se llama a la caza y la quema de todos estos pervertidos mediante verbos tajantes y apelaciones al ahora, al ya. Esa es la clave. Afirmar la existencia de vastas redes de paidófilos dedicados a sescuestrar, violar y torturar niños, redes de pornografía infantil con implicados en el gobierno, la justicia y las altas esferas. Tienen contactos entre ellos y con el poder. Se dedican (es un trabajo casi) a violar niños e intercambiar recuerdos de sus abusos. Es una mafia, una industria gigantesca que mueve miles de millones al año. No tienen remordimientos, piedad ni empatía: violan niños de noche y de día. Son muy peligrosos y si no hacemo algo ya, ahora, van a reclamar sus derechos a violar niños y mañana podríamos estar viviendo en paraíso para estos degenerados. ¿La solución? Exterminio ya, sin piedad, sin dilaciones, encarcelarlos y ejecutarlos antes de que sea muy tarde.

Este discurso se diferencia del anterior, entre otras cosas, por su urgencia, su necesidad de acción ya: estamos en crisis, en las vísperas de un Apocalipsis y ya no hay tiempo para discutir, razonar o argumentar: lo que se necesita es pragmatismo.

Ambos discursos empero, comparten dos supuestos básicos, en el verdadero sentido de la palabra, unas hipótesis de trabajo, los axiomas que guían el discurso y bajo el cual sería imposible o sin el cual perdería mucha de su fuerza:

1)Los paidófilos son abusadores y los abusadores son paidófilos. TODOS.

2)No son humanos.

 

Esto justifica todo lo que viene después: ¿cómo justificar, por ejemplo, el desprecio y la ridiculización de otro sino aceptando que ese otro no es humano? ¿Y cómo se logra esta deshumanización? Ante todo, imponiendo la equivalencia paidófilo-violador. Si se establece esta equivalencia, lo demás viene sólo y es hasta casi lógico: ¿quién osaría defender a un abusador de niños? Nadie, y por eso nadie defiende a los paidosexuales: porque creen que son todos abusadores y por eso su defensa se hace imposible. Además, como lo violadores en general (de niños en especial) no son seres humanos (por aquiescencia de la sociedad), si igualamos ambos conceptos, eso significa que estas “personas” no son  humanos, por simple transitividad de la igualdad.

 

Por otra parte, es necesario crear un mito, ya que no basta con ser un abusador, es vital un arquetipo, un prejuicio, un preconcepto, una idea general y popular de cómo son estos degenerados. Es necesario que sean sádicos, sin empatía, de sangre fría, torturadores de niños, asesinos de bebés. Así, se crea esta especie de imagen, de preconcepto o de concepto popular donde las personas con esta orientación sexual están completa, total e irremediablemente deshumanizados, donde se le atribuyen ciertas características que todos conocen y que saltan a la memoria cada vez que se escucha hablar del tema. Así, estos seres ni siquiera son humanos: son monstruos y eso justifica el discurso y todo lo que sigue al discurso.

Por supuesto, también comparten muchas otras cosas en común: el dislate, la incongruencia, la superficialidad, la enajenación, el desprecio, la trivialidad, el apego por el lugar común, el odio a la lógico, su sostén en el prejuicio, la demagogia, su tono mesiánico, su apego gregario, su prepotencia, la vacuidad de sus ideas, las afirmaciones categóricas, la generalización irresponsable, la demencia, la estolidez.

Son un ejemplo perfecto, de manual, de la demagogia y el golpe de efecto. Carecen de sentido, pero ocultan ese inconveniente con un estilo admirable por su fuera y su capacidad de ocultar completamente, que detrás de esas palabras, de esas frases, no hay nada: absolutamente nada. Las ideas son cáscaras de ideas, huecas por dentro, pero pintadas con colores estridentes. Lo único que hay es odio y prejuicio que intenta, una vez más, gritar para apagar esa vocecita de la razón.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: