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Nothing else ever

Las jerarquías y lo “sobreentendido” en Kafka

Las Jerarquías:

Borge notó que en Kafka las jerarquías son infinitas. Cabe agregar, no sólo que todos pertenecen a una, sino que usualmente el protagonista de sus cuentos o novelas está en la base.

Las jerarquías son infinitas. Pero no sólo no tienen fin, sino que están cuidadosamente delimitadas. Así, el supervisor en El Proceso tiene autoridad por sobre los dos vigilantes, pero está supeditado al juez instructor, del mismo modo que el juez instructor es tan sólo un juez inferior, por debajo de los jueces superiores, que ya son inalcanzables… En su novela El Castillo los empleados de éste de se dividen en amplias categorías, dependiendo de si duermen o no duermen en aquel, del señor al que sirven, de si tan sólo son amanuenses o secretarios personales, secretarios para la aldea, sirvientes de los secretarios subordinados, sirvientes del secretario principal, carteros personales, ayudantes del secretario en la aldea, subalcaldes… Las jerarquías son infinitas y con múltiples ramificaciones, cada una con poder sobre unas y subordinadas a otras, en una especie de red de araña donde cada vértice depende de unos y controla a otros.

Recordemos que una de las parábolas más famosas de Kafka, “Ante la Ley”, habla, entre otras cosas, de esa subordinación infinita. El héroe de esta pequeña historia debe pasar ante una puerta vigilada por un guardia. El guardia le advierte que debe esperar y que si intentara pasar por la fuerza, aunque lo lograra, igualmente le serviría de poco ya que más adelante hay otras puertas y otros guardias, cada uno más poderoso que el anterior. El primero (que le parece imponente al héroe) dice él no puede tolerar tan solo la vista del tercero…

En este infierno infinito y, paradójicamente, ascendente (aunque la salida, nunca, jamás, sea alcanzable) viven los héroes de Kafka. Pero la subordinación no sólo es infinita, sino que es absoluta. Recordemos a Block, el comerciante de El Proceso, que tiene que ponerse en cuatro como un perro para que su abogado (¡su propio abogado!) se digne a ayudarlo. Pero los superiores (los superiores de verdad) son, sin excepción, inalcanzables, siempre inalcanzables. Klamm (que es un funcionario del castillo, sí, pero tan sólo uno de tantos) es totalmente inalcanzable para K. No sólo nunca podrá hablar con él, sino que nunca podrá siquiera verlo. Está en un plano totalmente diferente al del pobre de K. Los Jueces Superiores, en el Proceso, son figuras míticas, al igual que Los Grandes Abogados (notemos los nombres casi mitológicos que el escritor le da a estas figuras). En La Construcción de la Muralla China, la Dirección parece un conclave secreto de dioses, absolutamente por encima de los mortales, que no pueden ni soñar con conocer tan sólo los pensamientos de sus integrantes.

¿Qué significa todo esto? ¿De qué habla Kafka cuando habla de jerarquías infinitas, de grupos inocentes subordinados a minorías, de verticalidad absoluta e inquebrantable? Habla de FASCISMO. Por supuesto, en la época de Kafka, no había fascismo como lo conocemos hoy, por eso resulta aún más escalofriante ver la terrible predicción de su literatura. Kafka se adelante al fascismo, no sólo en su verticalidad tiránica (allá arriba el reich, el comandante o cualquier otro nombre que se le ponga al tirano, abajo los generales y altos mandos militares, más abajo la plebe, por debajo de todo los judíos o cualquiera que sea distinto…), sino también su brutal violencia (de ello hablaremos más adelante). El fascismo es una “ideología” (el nombre le queda grande, más bien diría que es una enfermedad) basada en la superioridad de unos por sobre otros. No somos todos iguales: ciertas personas son mejores, están por encima de las demás. Esas personas tienen derecho a controlarnos, a estar “por arriba”. Sus mandatos, son inapelables. Sus objetivos, secretos. El fascismo es jerarquía de unos por sobre otros, y eso Kafka lo profetiza con horrorosa lucidez.

Kafka profetizó esta enfermedad al mostrar una sociedad de subordinados, pero además a una sociedad violenta. La violencia en su literatura está muy presente, y no sé si se menciona tanto como se debería este hecho. De eso hablaremos a continuación, pero antes una sola nota más:

En Kafka, sobre todo en El Castillo, aparece mucho la idea de “lo sobreentendido”. “Lo sobreentendido” como algo tan obvio que uno no imaginaría explicárselo siquiera a un niño, tan obvio es. A K. muchas veces lo tratan, justamente, como un niño o peor, porque ignora cosas “que se sobreentienden”. Esta idea de cosas, temas que no admiten una explicación clara y racional, de los cuales la gente no discute porque se aceptan como impuestos desde siempre y por siempre, es una muestra más del fascismo del siglo XX. Una de las mejores armas de éste es la ignorancia, se sabe. Pero la mejor manera de esconder la ignorancia es hablando de ciertas cosas como si fueran axiomas, tan obvias y claras que no necesitan una demostración. Así, se oculta la irracionalidad subyacente. Nada se cuestiona, todo se acepta como “sobreentendido”. En El Castillo, los habitantes de la aldea están inmersos en este juego de “verdades” evidentes que no se cuestionan. Nadie piensa, todo el mundo actúa, siguiendo leyes impuestas por superiores que no pueden ni en sus peores pesadillas cuestionar. Las leyes serán corruptas, idiotas e ineficaces, pero que están ahí y que, en última instancia, hay que aceptarlas, eso, eso “se sobreentiende”.

Written by porlaverdad3

17/09/2010 a 17:47

Publicado en Arte

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