All of old. Nothing else ever. Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better.

Nothing else ever

Pobreza y consumismo

Trabajo de The Designers Republic, una casa postmoderna de, ironía, diseño inglesa.

 

 

El otro día estaba viendo una entrevista de Lanata al padre Farinello. Para los que no lo conocen, es un cura que ayuda a los pobres y a la gente necesitada, especialmente en el Gran Buenos Aires o el norte del país. Bueno, el gordo le preguntó cómo veía hoy a los chicos en condición de pobreza, si estaban mejor, etc. Lo que el padre contestó fue que sí, se notaba que estaban un poco mejor, al menos en comparación al 2001. Y también dijo que los había “ganado el consumismo”. ¿Cómo es eso? Ajam, explicó que ahora lo que los chicos quieren es un nuevo par de zapatillas y que no había nada de esa pobreza “romántica” que muchos quieren hacer ver, sino que verdaderamente destruye los espíritus, los aniquila. La idea de estar mejor de estos chicos (y por chicos me refiero a esos que el capitalismo ya juzga capaces de consumir por su propia cuenta, digamos de 10 para arriba) es tener un nuevo par de zapatillas, un celular mejor (todo el mundo tiene un celular, hasta los pobres), seguramente un videojuego nuevo para la compu. Esta gente quiere tener, pero tener para consumir. Quieren integrarse al sistema, pero como consumidores.

Antes de indignarnos, y asumiendo no sólo que este fenómeno existe y es sustancial, sino también que es signo, cifra de esa “destrucción del alma”, cabría hacernos varias preguntas:

1) ¿Es esta situación novedosa? ¿La idea de vivir para consumir y consumir para ser feliz es verdaderamente posmoderna o podríamos atisbarla desde más lejos en el tiempo?

2) ¿Es verdaderamente esta situación exclusiva de la clase pobre?

La primera pregunta requeriría un análisis histórico exhaustivo del que yo obviamente soy incapaz. Y de cualquier modo dudo de que se pudiera contestar a esa pregunta a ciencia cierta. Más bien se podría especular, analizar, filosofar.

La segunda pregunta merece un rotundo no. En este sentido no hay nada que diferencia a un pibe villero de un chico de clase media para arriba. Las expectativas de consumo (un chico pobre querrá un nuevo par de zapatillas, uno de familia pudiente una X-Box 360 o tal vez su propia moto) podrán cambiar, pero la situación es básicamente la misma. La idea de que consumir más significa estar mejor, y recíprocamente, de que para estar mejor se debe consumir más, está tan arraigada en el pensamiento posmoderno que es difícil de contestar. Pero es que, cuando un chico se está cagando de hambre en la miseria, lo mejor –o lo mínimo que se puede pedir- es que al menos pueda comprarse algo para comer. Que esté mejor significa que tengo mejores cosas. Y eso está muy bien, pero si la pobreza no existiera la idea de tener más cosas para estar mejor no debería existir. O tal vez sí, quién sabe.

Uno podría decir “pero cómo estos chicos van a tener aspiraciones más elevadas, como gusto por el arte, la música, o ideas revolucionarias si viven sumergidos en la pobreza, no reciben educación, su principal preocupación es saber si van a comer a la noche, no se les puede pedir que deseen algo más que ser consumidores” pero es que la situación tampoco cambia demasiado entre los chicos que sí tienen comida que sí tienen casa y que no están luchando por su supervivencia. Cierto, las ideas revolucionarias siempre provinieron más de las clases medias/medias altas que de las pobres, pero la realidad es que la mayor parte de los chicos que no tienen que batallar por su vida cada día tienen como máxima aspiración un nuevo celular o la nueva pelotudez de moda.

Ahora, si esta situación no es exclusiva de las clases denominadas “bajas”, ¿por qué nos molesta particularmente? ¿Por qué la juzgamos especialmente indignante? Creo que tiene un poco que ver con eso que decía Farinello: la “romantización” de la pobreza. Suponemos que los pobres, al tener poco, no son materialistas. Pero alguien que vive en una casa de chapa en la mayoría de los casos tiene al menos un televisor. Y si bien el padre estará todo el día laburando, los chicos lo verán, las propagandas, todas esas cosas bonitas que los demás tienen y ellos no. Es imposible escapar a eso, está en todos lados.

Tampoco voy a ser un maldito hipócrita y a pararme encima de sus cabezas. Vivo en una sociedad capitalista. Consumo. Trato de que no sea todo lo que tengo que hacer. (notar que no dije “pero trato de que no…”). Cada cual con la suya. Si alguien quiere vivir bajando ringtones o navegando por facebook, allá él/ella. Por más que nos indigne, se puede estar peor.

Written by porlaverdad3

14/11/2010 a 17:08

Publicado en Reflexiones

A %d blogueros les gusta esto: