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Nothing else ever

El poder de las palabras II: ¿es más importante el significante que el significado?

Viendo la televisión en los últimos tiempos y escribiendo eso de “: Miles de organizaciones piden  que se cambie la palabra…” noté cuán importante es ponerle el nombre correcto a las cosas, según el interés de cada quien. El poder que tiene la simple palabra, el signo lingüístico, sin el significado, nunca debe ser subestimado.

Ejemplo:

El gobierno no habla de la “Ley del 82% movil para los jubilados” (cosa que nadie sabe bien qué significa, pero está implicito que 1.- es algo a favor de los jubilados, 2.- sea lo que sea es bastante -82%-, 3.- no sólo es algo positivo sino que además es movil, osea, doblemente positivo), habla de “La ley de quiebra del Estado” (es decir, una ley que básicamente llevaría a la bancarrota a la Nación argentino).

Pero Clarín recíprocamente no habla de “La ley de quiebra del Estado” sino mas bien de “Ley del 82% movil para los jubilados”.

Cuando se discutía todo esto del matrimonio gay, el nombre oficial que se le puso fue el de “Matrimonio Igualitario” (como si el matrimonio no sólo igualara homosexuales con heterosexuales, sino que además igualara a la sociedad toda como conjunto: el matrimonio iguala a todos, no importa para quiénes ni cómo se aplique la ley)

El gobierno no habla de “La ley de medios K” (frase en la que está implícito 1.a- que es una ley que regula los medios, lo cual implica 1.b- que es una ley censuradora 2.a- que está hecha por los Kirchner, lo cual implica 2.b- que no está hecha por el Congreso -que fue elegido por el voto popular-, lo cual implica 2.c- que es una ley despótica que ignora la voluntad popular) obviamente, sino de “La ley anti-monopolios”.

Estos ejemplos no sirven para ver lo esencial que son las palabras que se utilizan (las palabras en sí, no el significado de las palabras, porque tanto “Ley de medios K.” como “Ley anti-monopolios” se refieren al mismo objeto real, del cual no existen dos distintos).

En este sentido es que definir pedofilia como una enfermedad, y aplicar esta definición a todas las personas que sienten atracción sexual por los niños, IMPLICA

1.- Que todas las personas sienten lo mismo, puesto que son todos pedófilos (el adjetivo se aplica a todos por igual).

2.- Que esas personas están enfermas (mentalmente).

2.b.- Que si están enfermas, eso implica que sus pensamientos son enfermos.

2.c.- Si sus pensamientos, más precisamente: si su atracción sexual está enferma, eso significa que no es normal, incluso más, que es el opuesto de lo normal.

Como lo normal es que una atracción sexual signifique sentimientos de amor, erotismo, deseos de una relación correspondida, y como lo normal es que una atracción sexual no derive en una incapacidad de controlar la propia sexualidad, esto implica que

2.d.- Si su atracción sexual está enferma, esto significa que no implica sentimientos de amor, erotismos o deseos de una relación correspondida, y que deriva en una incapacidad de controlar la propia sexualidad.

3.- Que debe curarse.

Llevando los casos al extremo, imaginémonos que de verdad se decidiera cambiar la palabra pedofilia por violalofilia. Que todas las personas con la primera atracción pasen a ser, de un día para otro, llamados “violalófilos”. Las personas no cambiarían, sólo cambiaría el nombre con el que son designados.

Lo que sí cambiaría completamente es la reacción de la sociedad. Porque no es lo mismo defender, o intentar defender a un “paidófilo” que a un “violalófilo”, por más que la persona sea la misma y sólo cambie el nombre. Subjetivamente, para la persona, no es lo mismo.

Mucha gente odia a los pedófilos no porque sean pedófilos, sino porque creen que son violadores. Cada vez que se habla de paidofilia se habla de abuso sexual infantil, y por lo tanto esos dos conceptos quedan íntimamente ligados de modo que uno ya no puede separarlos. Jamás se menciona la enorme mayoría de pedófilos que no abusan de niños: solamente se menciona a los que sí lo hacen, mientras que el resto es como si no existiera.

Lo mismo con el término girl-lover/boy-lover. Originalmente, fue un término creado por la comunidad pedófila para designar –por definición– a aquellos que sentían una verdadera atracción romántica por niñas o niños, pero el uso de los medios degeneró los términos y ahora quedaron casi como sinónimo de pederastas.

Es como la palabra “Amor por los niños”, que el paso del tiempo quiso que significara “desprecio por la infancia”.

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