All of old. Nothing else ever. Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better.

Nothing else ever

“la pederastía es el Auschwits del sexo”: veamos qué dice en realidad este texto clave del pensamiento anti-sistema del siglo XXI

Muchos lectores recordarán la costumbre, absolutamente habitual hace unos años, de exponer en los escaparates de las tiendas de fotografía imágenes de bebés desnudos y sonrientes. También es fácil que recuerden el anuncio, que alcanzó mucha fama en su momento, del bronceador Coppertone, con un simpático perro tirando del bañador de una niña -que con el tiempo supimos que era Jodie Foster- y dejando al descubierto con su travesura las nalgas de aquella.

 

 

Léase: cito pelotudeces que son extremadamente fáciles de defender si algún imbécil las ataca. No hay nada más fácil en el UNIVERSO que atacar a alguien que se escandaliza por una publicidad de un bebé desnudo. Pero claro, con eso parezco re progre.

 

 

 

Siguiendo por esta línea, no costaría evocar muchos otros casos, en su momento tenidos por completamente normales, que no solo han dejado de serlo sino que con toda probabilidad moverían hoy a escándalo a más de uno. ¿Hemos de entender esta diferente sensibilidad -en la frontera de la hipersensibilidad- como indicador de un cierto progreso moral (en lo tocante a la necesaria protección de los menores) o, por el contrario, como la punta del iceberg de una tendencia colectiva que cupiera calificar como neopuritana?

 

Léase: ataco a los neo-pelotudos, cosa que cualquiera con media neurona puede hacer. Y de paso, quedo como todo un revolucionario que está en contra del “neo-puritanismo”.

 

 

No se trata de un debate meramente especulativo, referido a la mayor o menor vigencia de determinadas ideas y actitudes sociales, sino que posee un inequívoco trasfondo político-cultural, que desborda con mucho el tipo de comentarios que ha merecido la actitud de la Iglesia católica ante los numerosos casos de pederastia protagonizados por miembros de la institución. A propósito de tales casos no se ha solido ir mucho más allá de suscitar la posible conexión entre el obligado celibato de los sacerdotes y tales episodios, o de denunciar la doble moral con la que la jerarquía eclesiástica reaccionó cuando se destaparon los escándalos.

 

 

No hace falta caminar más de dos pasos para llegar a la conclusión de que el tratamiento de los medios ante el tema fue, “un poquito”, sensacionalista. ¡Sos un grosso por haberte dado cuenta y denunciarlo con tanta entereza, sin eufemismos!

 

 

De mucho mayor calado son los términos en los que se ha abordado el mismo asunto en algunos países europeos de un tiempo a esta parte, planteando la cuestión del influjo que la permisividad intelectual de la revolución sexual de los setenta pudiera haber tenido en otros casos de pederastia recientemente destapados. Así, el 9 de agosto de 2010 aparecía en este mismo diario la siguiente información: “Se vuelve a debatir ahora la responsabilidad de la revolución sexual en la creación de un ambiente que favorecía el abuso. La primera piedra fue tirada por la periodista del diario de izquierda Tageszeitung Nina Apin, quien en abril publicó Activistas pedófilos en los ambientes de la izquierda. En él estudiaba cómo los argumentos de los pederastas se colaron en el debate de la revolución sexual. También otras revistas de izquierda dieron espacio a los pedófilos, y hasta llegaron a simpatizar con ellos porque los consideraban una minoría perseguida” (el subrayado es mío).

 

 

Cita.

 

 

 

 

Aceptando que sectores de izquierda hubieran podido incurrir en el error de considerar, de manera mecánica, revolucionario a todo aquello que viniera reprimido en un momento dado por cualquier poder

 

 

Léase: la izquierda cometió el error de considerar a los pedófilos como personas normales, demonizadas injustamente y sistemáticamente excluidas, y no se dio cuenta de que en realidad son pervertidos hijos de putas de derecha (por supuesto) que buscan utilizar la ‘revolución sexual’ para promover el abuso infantil. Los pedófilos no son revolucionarios sino que son pervertidos degenerados y excluidos y demonizados con mucha justicia. (no ves, eso es ser claro).

lo cierto es que endosarles algún tipo de responsabilidad en la generalización de un atmósfera social tolerante (o indulgente) con la pederastia constituye una grosera manipulación (¿para compensar los escándalos protagonizados por los otros?) de un asunto al que valdría la pena aproximarse con mayor detenimiento y cuidado.

 

Léase: quiero quedar bien con mis compañeros del partido comunista, de ningún modo puede haberse dado el caso de que ¡horror! uno de los mismos revolucionarios del 68 fuera pedófilo, no los pedófilos son siempre externos y perversos, no revolucionarios.

 

 

 

 

No ayuda a ello, desde luego, el modo en que a menudo los medios de comunicación tratan los referidos escándalos, metiendo en el mismo saco las relaciones sexuales de adultos con menores de edad y los más monstruosos abusos a bebés, por ejemplo.

 

 

Léase: Defiendo las relaciones entre un chico de 19 una chica de 17 –es menor de edad, ojo-, soy re loco.

 

 

 

Con semejante tratamiento contribuyen a reforzar una tendencia cada vez más presente en nuestras sociedades. Y es que da la sensación de que el escándalo provocado por los casos de pederastia cumple la función de desviar la atención respecto a un proceso cuyos supuestos ideológicos nunca se explicitan y del que acaso habría que empezar por criticar su lógica.

 

Típica basura que dicen los que se sienten que tienen que decir algo para quedar como progresistas.

 

 

 

 

Formulemos la cosa de manera rotunda: la referencia a la pederastia en el contexto de los debates acerca de la sexualidad en nuestra sociedad parece jugar un papel análogo al que desempeña el recurso a Auschwitz en las discusiones éticas contemporáneas, a saber, el de un eficacísimo tapabocas que, con su permanente apelación a la increíble brutalidad, a la inaudita desmesura de aquel horror, bloquea y, a continuación, cortocircuita la posibilidad misma de continuar discutiendo, colocando por añadidura a quien propusiera hacerlo en la desagradable posición de sospechoso de tibieza ante el espanto.

 

 

Única idea correcta de todo el texto.

 

 

política que parece estar derivando hacia una criminalización de algunos de ellos que sin duda debiera mover a inquietud, en la medida en que puede desembocar en un recorte de derechos de quienes pudieran ser considerados sospechosos de alguna perversión.

 

 

Léase: el problema de censurar algunas ideas no es censurar aquellos que verdaderamente tienen defienden esas ideas, esos se lo merecen, sino censurar, por error, aquellos que no las comparten pero por una sospecha infundada pareciera que sí.

 

Nótese que cuando dice “ideas” en realidad está hablando de los que defienden a los pedófilos y a los pedófilos mismos: el problema no es censurar a los pedófilos, esos se lo merecen, sino censurar, por ejemplo, a alguien que escribe un libro sobre pedofilia (onda Nabokov).

 

 

 

 

Pensemos, por establecer un paralelo, en lo que sucede cuando se criminalizan las opiniones: se termina condenando a penas de prisión a Garaudy por negar el Holocausto.

 

 

Léase: alguien que defiende a los pedófilos es exactamente igual a alguien que defiende el nazismo y niega (o defiende) el holocausto, etc. Nadie debería defender a unos degenerados perversos como son todos los pedófilos, pero, para parecer progre, pongo en duda si se debería censurarlos.

 

 

Estamos en condiciones ya de regresar a nuestra referencia inicial al neopuritanismo.

 

 

Como dije, no hay nada más fácil que criticar a los neo-pelotudos.

 

Pero sí parecen estar siendo satanizadas lo que se consideran formas desviadas del mismo. Desviadas, por cierto, ¿respecto a qué? La respuesta no ofrece muchas dudas: respecto a ese nuevo constructo socio-cultural que es el concepto de sexualidad sana u ordenada. La distancia que separa esta posición de las perspectivas que décadas atrás se consideraban “progresistas” resulta notable: ¿qué se ha hecho de la idea de transgresión, antaño tan ensalzada? ¿Ha dejado de ser un valor en sí misma? ¿Acaso porque las normas actualmente vigentes ya no merecen ser transgredidas y estamos en el mejor de los mundos posibles en lo que a sexo se refiere? Y si no es ese el caso, ¿por dónde demonios pasa hoy la transgresión?

 

 

 

Léase: Y claro, este párrafo me va a consolidar definitivamente como una luminaria del pensamiento progresista y transgresor. Notando que ciertas formas de la sexualidad están un poquito demonizadas –pero sin jamás defenderlas- ya está, con eso, me gané a todos mis estudiantes de filosofía, soy re grosso.

 

 

 

Tomá, ¡te ganaste otro Zapatero!

 

Written by porlaverdad3

04/12/2010 a 14:52

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