All of old. Nothing else ever. Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better.

Nothing else ever

¿Verdaderamente hay ideales desviados detrás del activismo paidófilo?

La “gente” critica al activismo pedófilo, con razón o sin ella, entre otras cosas por defender ideas (que la pedofilia es una orientación sexual, que los “niños” –no entremos en especificaciones- pueden “consentir”, sean lo que sean esas palabras) que la mayor parte de la sociedad no comparte.

 

Mi punto en este texto no es hablar sobre si estas proposiciones que algunos sectores considerables de este activismo defienden son verdad o no, sino demostrar que detrás de él, se esconde uno de los mayores motivadores y por así decirlo, una de las bases más fundamentales de la sociedad occidental contemporánea. Mi hipótesis es: la “comunidad pedófila” no está basada en ideales pervertidos o desviados, sino que responde a los mismos valores e ideales hegemónicos de la sociedad. Más precisamente, a esa idea central de la historia moderna de la humanidad, promovida actualmente por los medios de comunicación, los artistas populares y la publicidad: la idea de “ser uno mismo”.


Que yo sepa, hay dos autores que tratan este tema: el ignoto Pierre Tremblay, de la universidad de Montreal, y la discutida (y discutible) Sarah D. Goode, socióloga de la universidad de Winchester. *

 

El artículo de Tremblay se llama “Social interactions among pedophiles” y la cita de Sarah D. Goode proviene de su grandioso libro “Understanding and Adressing adult sexual attraction to children: a study of paedophiles in contemporary society


Yo no podría decirlo mejor, así que dejemos que Tremblay hable:

La cultura moderna, sin embargo, no enfatiza solamente el éxito económico, sino también la “realización personal” [‘self-fulfilment’]. Charles Taylor (1991) sugiere que términos como “narcisismo”, “hedonismo” o “laxitud moral” no reconocen adecuadamente “que hay una poderosa idea moral trabajando aquí, no importa cuán oculta y travestida su expresión pueda estar. La idea moral detrás de esta ‘realización personal’ es la de ‘ser uno mismo’ [‘being true to oneself’, que literalmente significa ‘ser verdadero con uno mismo’] (Taylor, 1991; p. 16). No se trata de explicar este ideal moral como “sencillamente” una expresión de auto-indulgencia. “El centro de la cuestión es que hoy en día mucha gente siente que son llamados a ser lo que son, sienten que deben hacer esto, y sienten que sus vidas serían de alguna forma desperdiciadas o vacías si no lo hacen” (Ibid; p. 17). Tal ideal implica que saber lo que está bien y lo que está mal no involucra simplemente un cálculo utilitario de costes y beneficios, sino que requiere el reconocimiento de que “cada uno de nosotros tiene una manera original de ser persona –una idea que se ha instalado muy profundamente en la conciencia moderna. También es algo nuevo. Antes de finales del siglo XVIII nadie pensaba que las diferencias entre seres humos tenían este tipo de valor moral” (Ibid; p. 28)

 

¿Qué consecuencias tiene esto para las personas pedófilas (i.e., atraídas sexual/emocionalmente por los niños)? Pensemos.

 

Durante toda la segunda década del siglo XX (no querría disminuir lo que pasó antes, pero de alguna manera pienso que con las dos grandes guerra de la primera mitad del siglo, los genocidios y exterminios masivos, las revoluciones y contrarrevoluciones y el clima general de caos y violencia política, el mundo no estaba como para cambios sociales o sexuales) y sobre todo después de finales de los 60s la tendencia mundial empezó a ser la de otorgar un valor y un estatus legítimos a expresiones, diferencias y tipos sexuales, raciales y culturales antes comúnmente reprimidos y excluidos. No querría meterme con cuál es la situación actual o el significado verdadero de estas supuestas “revoluciones” (recomiendo enfáticamente la lectura del grandioso libro de Foucault ‘Historia de la sexualidad’), sino tan solo señalar algunos hechos concretos: en 1970 se realizó la primera marcha del orgullo gay y en 1973, el DSM removió la homosexualidad de su lista de patologías sexuales. En 1993 el ICD (la otra gran clasificación de enfermedades y desórdenes mentales) hizo lo propio.

 

Cada vez más, se empezó a sentir que ser diferente sexualmente, no debía ser un problema ni una vergüenza, sino todo lo contrario: motivo de “orgullo”. Por lo menos ese era (y es) claramente el mensaje que daba (y da) la sociedad. Ese era literalmente el mensaje: sé vos mismo. Está orgulloso de ser gay/transexual/lo que sea, no hay ninguna razón para avergonzarse.

 

¿Y cómo pretender que los paidófilos no se embebieran, tomaran y adoptaran este mensaje? La sociedad occidental misma estaba perneada de este mensaje de “aceptación sexual”, y los paidófilos, como parte de la sociedad, es evidente que lo oirían. De repente, ser pedófilo ya no era (no debía ser) motivo de vergüenza: era una sexualidad más. La sociedad decía que estaba bien tener una orientación sexual diferente, así que ¿porque no debía hacerle caso cuando yo siento que tengo una orientación sexual diferente? En 1977 se fundó N.A.M.B.L.A., la ya hoy casi extinta organización que defendía la sexualidad entre niños (varones) y adultos.

 

Pero ese era uno de los mensajes que transmitía la sociedad. A finales de los 70s,  mediados de los 80s, surgió la tendencia en el mundo occidental a demonizar completamente la pedofilia y los pedófilos, tendencía que algunos dicen vino impulsada por una serie de crímenes horrendos contra niños, que de algún modo u otro, la sociedad se las arregló para creer que tenían algún tipo de asociación con la pedofilia. Casi como si en un par de años la gente se convenciera que la heterosexualidad es la violación y el asesinato de mujeres, se empezó a ver la paidofilia como la violación y el asesinato de niños. Ser pedófilo se convirtió en lo peor del mundo. Enfermo mental de los peores, una de estas personas irremediablemente centraba su vida en violar, abusar, hacerle daño a niños pequeños. El concepto de pedofilia dejó de tener variedad: de ser la mera atracción sexual hacia niños hasta el amor romántico hacia uno, pasó a ser, irrevocable y unívocamente, la cara más negra, perversa y desalmada de la sexualidad. Un pedófilo era (es) un monstruo.

 

Así que tenemos dos corrientes de pensamiento opuestas, que, como esas gigantescas placas tectónicas que se mueven en direcciones opuestas y al chocar producen cataclismos, resquebrajan, oprimen y dividen a las personas pedófilas: por un lado la sociedad repite constantemente que uno debe ser uno mismo, cumplir sus sueños, que ser diferente no está mal, que tener una orientación sexual diferente no está mal; pero por otro lado, que ser pedófilo es lo peor del mundo, que la pedofilia es degenerada y malvada y que no es una atracción sexual sino un deseo dañino y perverso. Escuchan que todo el mundo debe ser aceptado por lo que es, y al mismo tiempo que ser pedófilo es intolerable. Que no está mal tener una orientación sexual diferente, y al mismo tiempo que ser pedófilo es lo peor del mundo. Así, en esa desoladora división está el pedófilo moderno.

Sarah D. Goode lo explica claramente:

Más allá del placer físico y el sentimiento de amistad que las relaciones románticas pueden traer aparejadas, este tipo de relaciones son también importantes en sí mismas, como una fuente de excitación, sentido y eje de nuestras vidas. La idea de “estar enamorado” no solamente es importante psicológicamente, sino también culturalmente […] Donde sea que estemos en nuestras vidas diarias, estamos expuestos a canciones de amor, en la radio, la televisión, los centros comerciales. Estas canciones pueden ser un constante aviso de lo que la sociedad espera de nosotros, de aquello que nosotros debemos desear hacer con nuestras vidas. Nuestra sociedad occidental actual promueve la idea de que si queremos, podemos. No debe haber barrearas entre nosotros y nuestros deseos, nuestro potencial, nuestra felicidad personal. Debemos vivir nuestros sueños, ser nosotros mismos, tenerlo todo, sólo nos debemos a nosotros mismos, porque lo valemos. Fuertes mensajes culturales, psicológicos y publicitarios nos dicen que tenemos el derecho de ser felices, y esto es especialmente cierto en el campo de las relaciones personales y la sexualidad. […] Una vez que uno es un adulto, uno es sexual y se espera que satisfaga ese potencial. Desde la adolescencia en adelante, se espera que un adulto esté en una relación sexual, o saliendo de una, o iniciando una. Barreras que todavía existen en sociedades más tradicionales han sido hace tiempo levantadas en la sociedad laica actual. Personas divorciadas o viudas, gente con matrimonios poco satisfactorios, gente con discapacidades, todos ellos tienen la posibilidad de ser tan sexualmente activos como quieran. Incluso la tercera edad no está excluida.  […] Así que el sexo es ahora visto como algo intrínseco a nuestra bienestar social y personal, algo que se espera que tengamos estemos casados, solteros, en pareja, seamos heterosexuales, homosexuales, bisexuales, transexuales, o cualquier número de otras orientaciones y variaciones sexuales.

Excepto por los paidófilos. Los paidófilos desean lo que no pueden tener. ¿Cómo vivís tu vida, construís tu identidad, deseando algo que no podés tener? […] Más allá de las frustraciones diarias y la miseria de buscar placer sexual y emocional, para los paidófilos existe una doble obligación entre lo que está fuertemente valorado en nuestra sociedad (una relación sexual) –y al mismo tiempo saber que las relaciones sexuales con niños están fuertemente prohibidas y condenadas. Este sentimiento de ‘amor prohibido’ puede llevar a desesperación, frustración e ira”

Sarah D. Goode, Understanding and Addressing Adult Sexual Attraction to Children: A Study of Paedophiles in Contemporary Society, 2010, p. 85.

 

(el subrayado es mío)

 

El activismo pedófilo es una consecuencia lógica y previsible de esta especie de axioma de la sociedad de “defender la sexualidad personal”. De que “uno debe ser uno mismo”. No hay que usar caretas ni negar lo que somos.

 

Cuando algunos fanáticos de derecha dicen que sin la lucha por la liberación y la aceptación gay no existiría el activismo pedófilo, están rozando una gran verdad (ey, incluso el reloj parado de un fachista da la hora correcta dos veces al día). Más que “el activismo gay”, lo que permitió el activismo pedófilo fue este cambio de mentalidad que mencionaba Tremblay en el texto al comienzo del artículo. El movimiento homosexual fue también consecuencia de dicho cambio de paradigma. Los homosexuales mostraron que sí se puede en todo caso.

 

Así que cuando dijimos que el activismo pedófilo no respondía a ideales desviados sino a una de las fuerzas sociales más profundas de la modernidad, dijimos una verdad estricta. Una media verdad. No menos cierto es que este activismo promueve ideales verdaderamente rechazados por la sociedad actual, como que los niños tienen una sexualidad que pueden compartir con los adultos. Y también no menos cierto es que sin estos ideales “desviados” el activismo pedófilo no existiría, del mismo modo que no existiría sin los ideales que mencionaba Tremblay. Ambas, y no una sola, concepciones del mundo (una “desviada”, la otra completamente en sintonía con la sociedad occidental) posibilitan y permitieron el activismo pedófilo.

 

Como conclusión, lo que me gustaría ver es un activismo pedófilo serio, inteligente. No repetir ideas huecas sin razonarlas. Ver verdadera reflexión, verdadera producción teórica sobre el tema. Hecha no desde el fanatismo o desde la opresión, sino desde un ánimo augusto de conocer la verdad.

 

* Falso, también hay un videojuego (si, un videojuego) que toca el tema tangencialmente (el de “ser uno mismo” cuando uno mismo es paidófilo) pero lamentablemente no recuerdo el nombre… Había una gárgola… y no era un videojuego convencional sino que era una “aventura de texto”

Written by porlaverdad3

26/02/2011 a 14:36

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