All of old. Nothing else ever. Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better.

Nothing else ever

Discursos de verdad que matan y dan risa

Empiezo por transcribir unos párrafos de uno de los libros editados con los cursos que dictó Foucault: “Los anormales”. El texto entre corchetes en cursiva son de la edición del libro, los textos entre corchetes en letra normal son míos, las negritas (y blanquitas) son mías.

 

 

Querría comenzar el curso de este año leyéndoles dos informes de pericias psiquiátricas en material penal [lee el primero, donde un hombre y una mujer, su amante, son acusados de asesinar a la hija de esta; es muy extenso, casi dos páginas, y por eso no lo transcribo]. Querría ahora citar otros que son mucho más breves, o más bien un informe hecho en relación con tres hombres que habían sido acusados de chantaje en un asunto sexual. Leeré el informe al menos en el caso de dos de ellos.

Uno, digamos X.,

Sin ser intelectualmente brillante, no es estúpido; encadena bien las ideas y tiene buena memoria. Moralmente, es homosexual desde los 12 o 13 años, y en sus inicios ese vicio no habría sido más que una compensación de las burlas que soportaba cuando, de niño y criado por la asistencia pública, estaba en la Mancha [el departamento, M. F.]. Quizás su aspecto afeminado agravó esta tendencia  a la homosexualidad, per lo que lo llevó al chantaje fue el incentivo de la ganancia. X. es totalmente inmoral, cínico e incluso charlatán. Hace tres mil años, seguramente habría residido en Sodoma y los fuegos del cielo lo habrían castigado con toda justicia por su vicio [¿les suena conocido?]. Hay que reconocer con claridad que Y. [que es la víctima del chantaje; M. F.] habría merecido el mismo castigo. Puesto que en definitiva es anciano, relativamente rico y no tuvo mejor idea que proponer a X. instalarse en un cabaret de invertidos del que sería el cajero, para recuperar gradualmente el dinero gastado en esa compra. Este Y. sucesiva o simultáneamente amante masculino o femenino, no se sabe, de X., incita al desprecio el vómito [Una vez más: ¿Nunca escucharon estas palabras en referencia a otro grupo sexual?]. X. ama a Z. Hay que ver el aspecto femenil de uno y otro para comprender que pueda emplearse esa palabra, cuando se trata de dos hombres tan afeminados que ya no es en Sodoma sino en Gomorra donde deberían haber habitado.

[…]

 

Conclusión: “es particularmente repugnante”.

 

Como pueden darse cuenta, habría a la vez poco y mucho que decir sobre este tipo de discursos. Puesto que, después de todo, en una sociedad como la nuestra son raros, no obstante, los discurso que tienen a la vez tres propiedades. La primera es poder determinar, directa o indirectamente, un fallo de la justicia que, después de todo, concierne a la libertad o la detención de un hombre. En el límite (y veremos algunos casos), la vida y la muerte. Así pues, se trata de discursos que en última instancia tienen un poder de vida y muerte. Segunda propiedad: ¿de dónde sacan ese poder? De la institución judicial, tal vez, pero también del hecho de que funcionan en ella como discursos de verdad, de verdad por su status científico, o como discursos formulados y formulados exclusivamente por persona calificadas, dentro de una institución científica.

Discursos que pueden matar, discursos de verdad y discursos –ustedes son la prueba y los testigos [alusión a las risas que acompañaron la lectura de las pericias psiquiátricas]- que dan risa. Y los discursos de verdad que hacen reír y tienen el poder institucional de matar son, después de todo, en una sociedad como la nuestra, discursos que merecen un poco de atención. […] estos discursos cotidianos que matan y dan risa están ahí, en el corazón mismo de nuestra institución judicial.

[…]

La pericia psiquiátrica permite doblar el delito, tal como lo califica la ley, con toda una serie de otras cosas que no son el delito mismo, sino una serie de componentes, maneras de ser que, claro está, se presentan en el discurso del perito psiquiatra como la causa, el origen, la motivación, el punto de partida del delito. En efecto, en la realidad de la práctica judicial, van a constituir la sustancia, la materia misma susceptible de castigo. Como saben, de acuerdo con la ley penal […]

sólo son condenables las infracciones que fueron definidas como tales por la ley […]. Ahora bien, ¿qué hace la pericia con respecto a esa letra misma de la ley que es: “Sólo son punibles las infracciones definidas como tales por la ley”? ¿ Qué tipo de objeto saca a la luz? ¿Qué tipo de objetos propone al juez como materia de su intervención judicial y blanco de castigo? Si recuerdan las palabras – y podría citarles otros texto, tomé una breve serie de pericias que van desde 1955 hasta 1974-, ¿cuáles son por lo tanto los objetos que la pericia pone de manifiesto, los objetos que engancha al delito y de los que constituye el doble o el doblete? Son las nociones que encontramos constantemente en toda esta serie de textos: “inmadurez psicológica”, “personalidad poco estructurada”, “mala apreciación de lo real” [¿se les hace conocido? Acaso no son, punto por punto, lo que se dice de los pedófilos?]. Todas éstas son expresiones que hallé efectivamente en las pericias en cuestión: “profundo desequilibrio afectivo”, “serias perturbaciones emocionales”, “compensación”, “producción imaginaria”, “manifestación de un orgullo pervertido”, “juego perverso”, “erostratismo”, “alcibiadismo”, “donjuanismo”, “bovarismo”, etcétera. Ahora bien, este conjunto o estas dos series de nociones, ¿quié función tienen? En primer lugar, repetir tautológicamente la infracción para inscribirla y constituirla como rasgo individual. La pericia permite pasar del acto a la conducta, del delito a la manera de ser, y poner de relieve que esta última no es otra cosa que el delito mismo pero, en cierto modo, en el estado de generalidad en la conducta del individuo. […] Ustedes me dirán que no es tan grave y que los psiquiatras, cuando se les solicita hacer una pericia a un delincuente y dicen: “después de todo, si cometió un robo, es en resumidas cuentas porque es ladrón; o si cometió un asesinato, es en suma porque tiene una pulsión de matar”, no hacen otra cosa que el molieresco análisis del mutismo de la muchacha [Moliere, en “El médico a palos” escribe: “Cierta malignididad, que es causada […] por la acritud de los humores engendrados en la concavidad del diafragma, sucede que esos vapores[…], eso es justamente lo que hace que vuestra hija sea muda”] Sólo que en realidad, es más grave, y no lo es simplemente porque la cosa pueda entrañar la muerte de un hombre, como les decía hace un rato. Lo más grave es que, de hecho, lo que el psiquiatra propone en ese momento no es la explicación del crimen: lo que hay que castigar es en realidad la cosa misma, y sobre ella debe cabalgar y pesar el aparato judicial”.

 

 

Como ven, de notable vigencia hoy en día.

Leamos cualquier “perfil del pederasta y/ pedófilo” actual. Por ejemplo este, que salió publicado hace apenas unos meses:

 

 

Los varones agresores están socializados para dominar: los niños les resultan atractivos debido a su baja capacidad de dominación –relación con inmadurez, baja autoestima y agresividad del agresor–.

Ellos/as suelen tener un sistema de creencias disfuncionales a las que le llamaremos “distorsiones cognitivas”, como ejemplo citamos algunas:

1) Las caricias sexuales no son en realidad sexo y, por ello, no se hace ningún mal.

2) Los niños no lo dicen debido a que les gusta el sexo.

3) El sexo mejora la relación con un niño.

4) La sociedad llegará a reconocer que el sexo con los niños es aceptable.

5) Cuando los niños preguntan sobre el sexo, significa que él o ella desean experimentarlo.

6) El sexo práctico es una buena manera de instruir a los niños sobre el sexo.

7) La falta de resistencias físicas significa que el niño desea contacto sexual.

Estas distorsiones o formas de pensamiento erradas son las que mantienen la conducta desviada de estos agresores minimizando o negando su responsabilidad, presentándose a los demás como sujetos “normales”, y neutralizando la seriedad de sus agresiones a través de ciertas justificaciones.

Los pedófilos son irresponsables y sicológicamente inestables.

Su sentido de la autoestima es volátil y desregulado.

Es probable que sufran de ansiedad y miedo al abandono, y sean muy dependientes de la pareja u otras personas.

Cualquier persona puede ser abusador/a [mentira, ¿no acabás de decir que los pedófilos/abusadores son irresponsables y “psicológicamente inestables”? Por lo tanto, alguien responsable y psicológicamente estable no puede ser abusador -¡lo acabás de decir!-, pero bueno, esas pequeñas contradicciones no importan], especialmente las que trabajan y conviven con los niños: niñeras/os, profesores, pediatras, chofer de transporte escolar, sacerdotes, vendedores de golosinas, entrenadores deportivos, profesionales de la salud mental que trabajan con niños, orientadores, etc. Esto se debe a que mucho de estos criminales eligen profesiones que les acerquen a los niños/as.

 

 

Este texto se publicó hace unos meses apenas y si Foucault viviera lo usaría como ejemplo cabal de “discursos de verdad que matan y dan risa”.

 

 

Porque, acaso, un discurso que denigra y reduce a los pedófilos a la mínima potencia, ¿no es un discurso que los mata, socialmente? Para un chico de 15 años (que como el mismo autor reconoce, es una edad más que posible en la cual se puede descubrir que uno es paidófilo), leer que está condenado a “manipula y abusar de niños”, ¿no es acaso matarlo en vida? ¿Tratar a los pedófilos (a todos los pedófilos) con expresiones del tipo “psicológicamente perturbado”, “irresponsable”, “carente de empatía”, “manipulador”, “perverso”, no es acaso, a todos los efectos, y especialmente en el caso de los adolescentes o jóvenes con una personalidad en formación, matarlos socialmente?


Y es que además este discurso, que es tomado como “verdadero” porque está dicho por un “profesional”, esta clase de discursos que MATAN a personas, ¿acaso no dan risa? ¿No dan risa semejante menjunje de pasayadas, ideas paleolíticas, contradicciones patentes casi en la misma oración, aseveraciones que están en contra de todo aquello que constituye la realidad?


En la categoría de “los discursos de verdad que matan y dan risa”, el actual discurso sobre los pedófilos se lleva el premio. Ese menjunje de payasadas llamado “perfil del pedófilo” no sólo mata socialmente a las personas, sino que además se merece nuestra más despectiva risa.

Written by porlaverdad3

08/03/2011 a 15:21

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