All of old. Nothing else ever. Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better.

Nothing else ever

Intensidad.

Algunos momentos de El proceso:

 

 

El momento en el que Josef K abre una puerta y descubre que incluso allí, en la oscuridad, el polvo y el aire rancio, oculto y acechante, insospechado, en la buhardilla del pintor Titorelli el Tribunal extiende sus oficinas. “Todo pertenece al Tribunal”.

 

 

Cuando K. se escapa a magrearse con Leni, abandonando a su tío, el abogado y el instructor general, abandonando sus posibilidades de salvación; cómo el instructor general espera un momento ante la puerta, con la esperanza –inútil, y lo sabe; por cortesía o cinismo- de que K. aparezca finalmente, agitado después de haberse precipitado a través del pasillo corriendo, pidiendo perdón por haberse ido, y así poder salvarlo. Pero como el otro K. de El castillo cuando se queda dormido frente a Bürgel, los protagonistas de Kafka nunca están donde se supone que deben estar en el momento en que su salvación pudiera haber estado al alcance de la mano. Se les ofrece la expiación y no pueden tomarla (de hecho nunca saben que tuvieron esa posibilidad, y si lo saben, es cuando ya es demasiado tarde –como en Frente a la ley-).

 

 

Cuando Josef K. descubre que el azotador y los vigilantes están exactamente en la misma posición (como si estuvieran condenados a repetir la tortura una y otra vez y de la misma forma o como si el tiempo no hubiera transcurrido nunca o como si fuera una farsa a representar en el momento mismo en que K. entra) cuando abre la puerta del pequeño cuarto trastero al día siguiente de haberlos encontrado haciendo exactamente lo mismo que ahora repiten.

 

 

El sacerdote le dice, en el medio de las tinieblas y el frío de la catedral, a K.: Deja todo lo accesorio. Él arroja un pequeño folleto de arte con tantas fuerza que se despedaza.

Written by porlaverdad3

09/03/2011 a 13:51

Publicado en Arte

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