All of old. Nothing else ever. Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better.

Nothing else ever

“Corporalidades frágiles” de Laura Contrera

http://pidoperdonzine.blogspot.com/2011/04/corporalidades-fragiles.html

<br>

<br>

El texto entiende a la pedofilia como “poder voraz”, que las niñas de jardín de infantes bailando como putas producen “pedófilos” (así como el baño del caño por Showmatch produce heterosexuales, o ir a bailar a Amerika te vuelve gay), que detrás de la atracción por los niños hay tan solo una especie de inclinación “voraz” a violentar y masacrar infantes… Con palabras más lindas, claro, pero básicamente es eso. “La pedofilia genera miseria”, afirmación tan sorprendente como decir que una crisis económica causó la muerte a balazos de dos personas. Habla de “producción” de pedófilos, como si la sociedad fuera una máquina de “pervertir” personas perfectamente normales (heterosexuales y homosexuales) en monstruos desalmados (ya sabemos quiénes). Sin obviar por supuesto el tinte despectivo que tiene toda mención a las maneras del capitalismo (líneas de ensamblaje de pervertidos, a lo fordista, bien de garca). Esto evidentemente muestra una fundamental ignorancia con respecto a cómo y cuándo se desarrolla esta orientación, o sus alcances.

<br>

<br>

Decir que es “una sexualidad adulta invasiva” es exactamente lo mismo que repetir que detrás de la pedofilia tan solo se esconde un deseo de abusar de niños, de aprovecharse de ellos, etc. Es decir que el adulto se mete con el niño, invade su esfera privada, lo acosa, como un enajenado o un fanático trastornado que no deja de perseguir a una actriz famosa. Todo esto dejando de lado la confusión “pedófilo/abusador de niños”, que parece que para la autora son lo mismo o al menos equivalentes. Semejante incomprensión fundamental, semejante ignorancia, semejante prejuicio muestra perfectamente el nivel del discurso.

<br>

<br>

De alguna forma el texto afirma que los pedófilos quieren “taparle la boca” a los chicos, que si uno tiene esta  atracción entonces quiere que haya más niños abusados o que al menos los que lo son no puedan hablar o no puedan denunciar o no puedan recuperarse o que sean victimizados o … Es imposible meter tanto prejuicio junto (o tal vez sí: la tapa de la revista Mu donde un colegio en el que se abusaba de niños era “pedofilandia”, el “paraíso” de nosotros, el lugar donde podríamos cumplir nuestro sueño: abusar de niños y que no se descubra nunca. Ese sería el sueño, el ideal, el paraíso, el cielo, el Disneylandia pedófilo). Igual, nobleza obliga: casi todo el mundo piensa que si uno es pedófilo entonces está a favor del abuso de niños o “al menos” del sufrimiento de infantes. En este sentido la autora no se aparta de la norma (en casi ningún sentido lo hace, de hecho)

<br>

<br>

La idea de buscar una “patología” detrás de todas y cada una de las variaciones de la sexualidad humana no es nueva. Así, por ejemplo, en épocas pretéritas concluyeron que a los hombres homosexuales les gustan los varones por una niñez confusa o “daddy issues” (como les dicen los yanquis) en la infancia. O que si a una mujer le gustan las mujeres debe ser porque es una machona. O si es masoquista porque de chico le pegaban. O si es pedófilo debe ser porque quiere violentar infantes para satisfacer su deseo de poder. Lo repito, no es nada nuevo, pero esa idea de que la pedofilia “esconde algo más”, algo detrás, una explicación patológica a esta enfermedad, es posiblemente la última que quede del montón.

<br>

<br>

El texto abunda, está plagado, en confusiones, galimatías y mezcla de ideas. Juega a querer analizar las “relaciones intergeneracionales” (término que no me gusta y me parece ridículo) desde una postura “desprejuiciada”, “desde cero”, a lo Descartes, pero partiendo de la hipótesis de que, después de todo, son siempre más o menos abuso. Asume aquello que intenta demostrar. La idea de “violentar a la infancia” parece, para la autora, inherente al concepto de las relaciones sexuales con niños. No puede dejar de mencionarla al lado de sus “relaciones intergeneracionales” (¿las relaciones sexuales de uno de 30 con la tercera edad también son intergeneracionales?). Es completamente incapaz de separar ambos conceptos. Juega al descartismo de “empezar de cero”, pero no es más que una farsa, porque la conclusión ya está dicha casi desde el comienzo. En su opinión:

<br><br>

“Reconocer la autonomía que le es propia a la sexualidad infantil no autoriza a la demanda deseante abusiva de otros.”

<br>

<br>

O sea, para el texto el deseo pedófilo es “una demanda deseante abusiva”. Estaría bueno preguntar  si solamente la atracción pedófila es “una demanda deseante abusiva”, o si también la atracción homosexual tiene algo de “demanda deseante abusiva” o si toda atracción sexual que se aparte de la norma tiene aunque sea una pizca de  “demanda deseante abusiva”. La idea de  “una demanda deseante abusiva” es una aberración, porque reduce una orientación sexual (infinitamente compleja) a algo parecido al trastorno del enajenado que mencionábamos al comienzo, que no puede dejar de perseguir y acosar a una actriz famosa. Para la autora la pedofilia es eso: acoso, demanda, voracidad. Siempre por parte del adulto, claro. El niño, impoluto, desconoce lo que es el deseo y jamás podría querer magrearse con alguien mayor. El deseo parte siempre del adulto, el niño es, digamos, inmaculado de deseo (sexual).

<br>

<br>

En fin. Promover que mi sexualidad está perfecta pero la de los demás es perversa no es algo que se haya puesto de moda ayer.

<br>

<br>

Después de todo, si nos quedáramos sin grupos a los que señalar, ¿qué haríamos con nuestros dedos índices? ¿Dónde nos los meteríamos?

<br>

<br>

PD1: Lo que sí rescato del texto es que nota la idealización de la infancia por parte de los child-lovers, aunque discrepo en sus conclusiones sobre este hecho. Para los child-lovers los niños son lo más hermoso, lo más bueno, lo más puro, lo más honesto… Sin embargo, deducir (como hace la autora) de ese amor por la infancia un deseo de corromper, de “moldear” (sus palabras), de pervertir la infancia, es completamente desacertado y prejuicioso. Que muchos child-lovers tengan una visión idealizada (idealizada, no sexualizada) de la niñez es indiscutible y comprobable. Deducir de esa idealización un deseo de corromperla o moldearla, es estólido y terrorista. Dicha idealización podrá ser un error, pero un error sin malas intenciones, en general.

<br>

<br>

Del mismo modo que a un hombre gay le podrá atraer el concepto de “virilidad” o de “masculinidad”, por la sencilla razón de que eso es lo que le gusta, ¿qué cosa más natural hay que pensar que a un pedófilo le podrá atraer el concepto de “infancia” o de “niñez”, sencillamente porque eso es lo que ama?

<br>

<br>

No busquemos segundas intenciones donde no las hay. No busquemos patologías detrás de cada atracción. No busquemos enfermedades donde simplemente hay una orientación sexual. Basta de creernos con el derecho a juzgar la atracción sexual de otra persona.

<br>

<br>

PD2: Comparemos el texto confuso, pretencioso y plagado de galimatías que les ofrecía al comienzo con este mensaje límpido y humanista

<br>

<br>

“El pedófilo no es un wanton que sigue sus voliciones de primer orden sin cuestionarse acerca de ellas, sino que es una persona que puede desear mantener una relación (sexual o sentimental) con un niño pero que también desea otras cosas: no hacerle daño, no ir a la cárcel, etc.; y, en consecuencia, puede elegir no hacerlo, no mantener la relación con el niño. Nadie debería juzgar nuestros deseos, sólo nuestros actos, de ellos hemos de responsabilizarnos, pues estos sí los elegimos.”

http://theorein.wordpress.com/

<br>

<br>

Creo que no hay dudas acerca de quién demuestra mayor sabiduría, empatía e inteligencia.

Written by porlaverdad3

16/04/2011 a 17:24

Publicado en Reflexiones

Tagged with

A %d blogueros les gusta esto: