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Nothing else ever

Películas caseras: ¿la mejor serie de animación de la historia?

A grandes rasgos se puede decir que hay dos tipos de animación: la que está dirigida a los niños y la que está hecha para los adultos. La primera suele estar hecha de felicidad, de candor, de sutiles incoherencias (y también de estupidez redomada). La segunda suele ser cínica, corrosiva, destructora (y no excluye la imbecilidad gigantesca). En la intersección de ambas (y sin los defectos de ninguna) vive Películas Caseras (Home Movies), una de las mejores series de animación que hayan salido de la TV en toda su historia.

 

 

La magia de esta maravilla creada por Brendon Small y Loren Bouchard es difícil de explicar pero fácil de ver. Películas caseras cuenta la vida de Brendon Small y sus amigos Jason y Melissa, chicos de 7 años de un típico vecindario suburbano estadounidense. Hasta ahí nada raro. El primer componente delicioso de la serie es que Brendon quiere ser cineasta y hace películas. Ama el cine y vive haciendo “películas caseras” que recrean juguetonamente (decir parodian es utilizar una palabra casi ajena al lenguaje candoroso de la serie) clásicos del cine. Así que tenemos una cinefilia dulce, infantil. Luego están los personajes. Todos son entrañables. Desde Jason, un chico que parece el típico gordito excluido pero que demuestra una consistencia y una personalidad que le dan vida propia, hasta, obviamente, el profesor de fútbol McGuirk, que en general es la fuente de las mayoría de las risas que genera el programa. Todos tienen sus pequeños defectos, pero ninguno cae en ese patetismo estúpido del “perdedor cool”: son, casi siempre, personas normales.

 

 

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Pero el verdadero centro de la serie, lo que realmente hace de esta obra maestra lo que es, son los diálogos y el tono. El show se aparta casi totalmente del cinismo y el sarcasmo al que nos tienen acostumbrados la televisión yanqui moderna, y cuenta historias simples desde una visión completamente desenfadada, libre, sin poses. Acá no tenemos ese falso humor absurdo ni ese falso ‘progresismo’ de ciertos productos. Acá tenemos un show que es puro corazón, puro sentimiento. El humor no es ni escatológico (piensen en los últimos South park) ni slapstick ni absurdo ni cínico. El humor surge como magia de los diálogos increíbles y casi surrealistas de sus protagonistas. Es allí, en las conversaciones increíbles de tres chicos que comprenden el mundo mejor que muchos adultos donde se encuentra el corazón y la vida de esta serie. El protagonista Brendon le dice a su amigo Jason que su abuelo se está muriendo. “En realidad todos estamos muriendo” le responde. Ese escalofrío que produce la conjución de la muerte y la niñez no es extraño a la serie y ya lo podemos encontrar en Perry Bible Fellowship por ejemplo. Como estos comics, el tono combina brutalmente la puerilidad y la muerte, el horror y la infancia, y es allí donde el humor seco, sutilísimo aflora.

 

 

Es difícil señalar concretamente dónde se encuentra eso que diferencia a Películas Caseras de sus (inexistentes) competidores, y si ven que entro en contradicciones (decir que es infantil pero inteligentísima, candorosa pero brutal) es porque el mismo programa vive en ese extraño –y único- lugar indeterminado. Esta serie subvirtió la realidad del humor estadounidense de la forma más revolucionaria posible: con sutileza y sin cinismo ni malas intenciones. Con inteligencia. Con niños que tienen conversaciones capaces de cambiar nuestras vidas. Con un tono de felicidad absoluta acechada por las sombras de la vida adulta. Películas caseras fue un producto televisivo revolucionario, porque hizo la revolución más difícil: aquella que hacen los niños.

Written by porlaverdad3

22/05/2011 a 18:12

Publicado en Arte

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