All of old. Nothing else ever. Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better.

Nothing else ever

La primera pregunta que uno se hace es “¿por qué tenemos que separar el mundo en ‘heterosexuales’ y ‘homosexuales’? La segunda es “¿Por qué tenemos que separar el mundo?”

“Es un hecho bastante sorprendente que, de las muchas dimensiones mediante las cuales se puede diferenciar la actividad genital de una persona entre otras (como por ejemplo la preferencia por ciertos actos, ciertas zonas o ciertas sensaciones, ciertas formas físicas, algún simbolismo, cierta edad o poder, una especie animal particular, una cantidad determinada de participantes, etcétera, etcétera) precisamente una, el género del objeto elegido, emergió, y se mantuvo, desde finales del siglo, como la dimensión determinante de la omnipresente categoría de “orientación sexual”.

(Eve Sedgwick )

 

 

Es cierto que analizar la “sexualidad” alrededor del eje del género de las personas es tan sólo una de los mecanismos para estudiar el tema. ¿Por qué discutir alrededor del binomio ‘heterosexuales-homosexuales’? ¿Por qué no ‘teleófilos-pedófilos’? ¿’zoófilos-personas atraídos por los humanos’?

 

En realidad, la verdadera pregunta es porqué tenemos que separar, compartimentar el mundo. ¿Porque es más cómodo? Tal vez. Pero más cómodo sería no plantearse nada directamente. ¿Por qué es más “científico”? Pero, ¿qué clase de ciencia se puede esperar de la avalancha de prejuicios y mitos que provoca toda separación del mundo en ‘nosotros’-‘ellos’?

 

 

Los fanáticos de la “teoría queer” olvidan que su intento por entender la sexualidad humana es apenas menos parcial que el de la iglesia católica, porque siguen encorsetados, pegoteados como moscas a ese binomio “hetero-homo”. OK, moviéndose más a los costados o más al medio, pero siempre, siempre, alrededor del eje del género. Que, en realidad, es tan solo una fracción (y menor) de la inmensa amplitud de experiencias sexuales que no tienen su origen en un binomio “heterosexualidad-homosexualidad”, sino que, como bien dice Sedgwick, están relacionadas a un montón de hechos que poco tienen que ver con el género (hombre, mujer, hermafrodita y el nombre nuevo que hayan inventado ahora) de los participantes.

 

A mí la teoría queer me dice menos que poco: no me dice nada. No habla para mí, no está hecha para mí ni para miles de “pedófilos” (o paidosexuales, ponele), “zoófilos” (o zoosexuales, ponele) o tantos otros. Es tan reducida, tan ciega, tan “estrecha de miras” que me sigue pareciendo gracioso que alguna gente considere que tiene muchas y profundas respuestas y planteos para darnos. Por eso invente la teoría pedófila, que es como la teoría queer pero más pedófila (:P).

 

Que, obviamente, es tan limitada y reducida como la que profesan con tanto empeño, pero que, al menos mientras los grandes intelectuales “queer” se nieguen sistemáticamente (por cobardía, miedo o desinterés) a pensar más allá de su ombligo, sirve para darles herramientas y abrirles la cabeza a un montón de gente que realmente necesitan sentirse un poquito humanos. Decir que los pedófilos no son violadores de chicos y pueden tener tanta moral como cualquiera. En realidad es una obviedad, una trivialidad evidente, pero dada la situación actual -2011- en la que vivimos, nadie en su sano juicio puede decir que no es casi una revolución.

Written by porlaverdad3

14/06/2011 a 18:45

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