All of old. Nothing else ever. Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better.

Nothing else ever

Acerca de las producciones artísticas sobre la “pedofilia”, su “realismo” y su “transgresión”

“Las reglas definen la configuración de lo “real” que una sociedad histórica considera “realista”, precisamente porque obedece a esas reglas […] Una obra aparece como “semejante” o “realista” cuando las reglas que definen sus condiciones de producción coinciden con la definición vigente de la visión objetiva del mundo, o más precisamente, con la “visión del mundo” del espectador, es decir, con un sistema de categorías sociales de percepción y apreciación que son un producto de la frecuentación prolongada de representaciones producidas según esas mismas reglas”

 

(Bourdieu)

 

 

 

http://www.indiewire.com/article/cannes_review_markus_schleinzers_michael_puts_a_pedophile_in_uneasy_focus/

 

http://bieninformado.com/?c=148&a=80683

 

 

 

Pierre Bourdieu nota que lo que entendemos por “realista” no es más que cierta disposición a cumplir y observar las leyes y normas de aquello que nosotros, en un tema dado y en un arte dado, asociamos con la “realidad”. Así, ser “realista” es sencillamente cumplir ciertos requisitos formales y de contenido (esto también lo hizo notar Borges en su introducción a El informe de Brodie). La realidad sigue siendo inaccesible.

 

Las obras que asumen una postura, que se formulan desde el vamos como producciones artísticas sobre la “pedofilia” ganan en verosimilitud porque se encargan de representar, punto por punto, todos los estereotipos ampliamente difundidos sobre qué significa “la pedofilia” o ser “pedófilo”. Así, en Cannes se estrena una película (“Michael” se llama) sobre un individuo que mantiene secuestrado a un niño de 10 años mientras abusa sexualmente de él. La película ocupa el lugar, ya desde el estreno, de proponerse a hablar “sobre la pedofilia”. Así lo reflejan los medios. La crítica destaca su dureza, su “realismo”. Su valentía de tocar el tema de “la pedofilia”. Ninguno parece cuestionar en absoluto porqué (demonios) una película que trata del secuestrador y violador de un niño se promociona a sí misma con esa etiqueta.

 

 

La sociedad y los críticos parecen aceptar estas películas u obras de arte (con más o menos asco, mayor o menor evaluación de sus méritos) porque responden a sus prejuicios y sus preconceptos sobre qué significa ser “pedófilo”. Así, juzgan realista un cine que retrata a los pedófilos como secuestradores y violadores de niños, mientras que paradójicamente a una película que retratara a uno como una persona normal que no abusa ni desea abusar de niños sería considerada “fantasiosa”, “inverosímil” e incluso “apologética”, por la mera razón de que los medios nos acostumbraron a que la idea de un pedófilo con moral, que no desea hacerle daño a los niños es la que es “anormal”, la “inverosímil”.

 

 

El “realismo” se convierte en reproducción sistemática de prejuicios y preconceptos. Se pretende (por marketing, promoción, polémica u honesta ignorancia) que se va a hablar de un tema cuando en realidad tan solo se va a confundir el tema. Porque si hay algo de lo que no habla una obra teatral sobre un individuo que violó y asesino a varias niñas es sobre la pedofilia. Podrá hablar de cualquier cosa, con mayor o menor buen gusto, con mayor o menor razón, con más o menos inteligencia, pero si hay un tema que no toca, es justamente aquel sobre el cual tanto finge discutir. Suponer que lo hace, es pretender que el Saló de Passolinni trata sobre la heterosexualidad

Written by porlaverdad3

16/06/2011 a 18:49

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