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Nothing else ever

Causas y consecuencias de la demonización de los pedófilos

Causas

 

El acto de demonización tiene dos causas principales: ignorancia y política. Y en el caso de la demonización de los pedófilos (personas con una atracción por los niños que no necesariamente actuaron en base a esa atracción) es un poco de ambas.

 

Muchas veces la causa es la ignorancia. Ignorancia del otro. Esta es la razón por la cual cientos de grupos fueron demonizados a lo largo de la historia, y una de las causas por las cuales los pedófilos lo son ahora. La mayoría de las veces, cuando esto opera en las personas, es, por así decirlo, “por retardo”: un grupo –que puede o no ser otro- ya “inició” la demonización, la estableció, le dio posibilidad de vida. Los demás simplemente siguen la corriente.

 

Entonces, la otra causa de la demonización es política. Me explico: cuando alguien demoniza a otro, muchas veces es por ignorancia, pero otras, es simplemente para marcar una posición política: el acto de demonización dice más acerca del que demoniza que del demonizado, porque es una postura politica. Yo me paró acá, en las antípodas de este otro, y digo que este otro es lo peor del mundo, y yo, que soy el opuesto exacto, soy lo mejor del mundo. Es básicamente tomar una postura, una posición ideológica. Me defino por el opuesto: yo soy el opuesto de aquel otro. Para mí, aquel otro, es lo peor del mundo, lo más detestable, ruin, malicioso, etc. Y yo, que lo denuncio como lo que creo que es, debo ser entonces mejor, porque justamente soy el reverso exacto.

 

 

En el caso de los pedófilos, las causas son ambas. Para la mayoría de la gente, la razón es la ignorancia: ignorancia de la condición pedófila, creencia de que todos los pedófilos son abusadores, etc. Pero eso no alcanza a explicar todo. No explica la demonización que parte de los medios de comunicación, organizaciones sociales y políticos, que todos ellos en algunos casos sí son ignorantes en este tema pero que en muchos otros no (yo no me chupo el dedo y creo que Clarín o la fundación ALIA2 no sabe la diferencia que existe entre ‘pedófilo’ y ‘pederasta’). Aquí se da una demonización política. Una toma de posición: “los pedófilos son lo peor del mundo, yo lo creo así, esa es mi opinión, mi creencia, yo me defino en oposición a ‘ellos’. Mi creencia es todo lo opuesto de lo que puedan llegar a creer”. En el corazón de esta razón subyace la absoluta incapacidad (y el miedo derivada de ella) de entender que a alguien le pueda gustar un niño. Como yo creo que esa atracción es repulsiva, asquerosa, etc., tomo la postura política de demonizarla, “me paro en la vereda de enfrente” por así decirlo.

 

 

 

Consecuencias

 

Las consecuencias principales son dos: el sufrimiento y la enajenación.

 

 

En su libro de 2009 Sarah D. Goode relata el testimonio de un chico de 16 que descubrió que le atraían los niños. Al descubrir que en los medios de comunicación un eso se llamaba “pedófilo” y no solo eso, sino que era “lo peor del mundo” (cosa que no está en la definición de ‘pedófilo’ que pueda aparecer en algún diccionario, sino que viene de la segunda consecuencia que ya voy a comentar) intentó suicidarse. Más allá del patetismo (en el sentido que usaba la palabra Borges) que pueda provocar, el sufrimiento es una consecuencia exacta y precisa de una demonización voraz de un grupo inmenso de personas. El sufrimiento existe cada vez que alguien paga socialmente por su condición: no por los actos que cometió, no por el daño que causó, sino por su condición. Su condición pedófila. Que no eligió. El sufrimiento existe cada vez que se criminaliza una condición por encima de los actos. Existe cuando existe la censura –inevitable: no queremos que los monstruos hablen, a ver si descubrimos que no son monstruos-.

 

 

 

Tal vez la consecuencia a la qué más terror le tienen algunos es la enajenación. Como en Tlön, se crea, se fabrica un mundo ficticio que suplanta al real. La realidad se contamina, se permea, se invade de irrealidad, de falsedad, de imágenes simplificadas e hipertrivializadas de cosas que para empezar ni siquiera son verdaderas. Hablar de “mito pedófilo” no solamente es, absoluta y completamente correcto, es hasta casi decir poco. Que la idea de “pedófilo” es más una imagen, una construcción social y cultural simbólica y hegemónica alimentada por las fábricas productoras de verdad más diversas (los medios de comunicación, la sociología, la psicología, la psiquiatría, la política, la ley) de la contemporaneidad que un concepto que pertenezca al mundo real, es algo que pocas veces es señalado. Con esto no quiero decir (lejos mi intención) que no exista o que sea fantástico (en el sentido de imposible) seres que hacen un daño terrible e inmenso, lo que quiero decir es que lo que es fantástico, lo que es irreal, es la creencia de que todos-los-pedófilos-son-así. De que todos los pedófilos son de una misma manera (que es la peor, claro), sin diferencias. Lo irreal es presuponer que un grupo inmenso de personas definidas por una condición y no por un acto, actúen todos de la misma manera (abusando de niños).

 

 

 

 

 

PD: Releyendo el texto, me doy cuenta de que pude haber remplazado “pedofilos” por cualquier otro grupo demonizado y el texto seguiría siendo, más o menos, el mismo. Faltaría ver las causas y consecuencias propias al caso particular de la pedofilia. Lo que yo escribí podría aplicarse a cualquier otro demonizado, no solamente a los pedófilos. Haría falta mayor particularidad.

Written by porlaverdad3

17/07/2011 a 20:39

Publicado en Reflexiones

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