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Nothing else ever

“Pedofilandia”: la revista Mu y el terrorismo mediático

El título puede sorprender al lector desprevenido. Pero la imagen y el epígrafe no dejan lugar a dudas:

 

 

 

 

Cuando la publicación ampliamente respetada y respetable (al menos en sus otros informes) de lavaca decide publicar una nota sobre un colegio en donde se producen abusos sexuales a niños como ‘pedofilandia’, no se trata de un acto aislado ni de un hecho novedoso: es producto de más de treinta años de demonización, desinformación y oscuridad sistemática. Pero primero, ¿qué significa ‘pedofilandia’?

 

Pedofilandia vendría a ser como el “paraíso” pedófilo, un lugar para “disfrutar” y “divertirse” (Disneylandia), o bien la “patria” pedófila, el lugar donde todos los pedófilos querrían estar, habitar. A priori significa eso. Pero el hecho de que debajo de semejante título se aclare de que se está hablando de un colegio católico donde se violaban niños, es significativo: significa que el “paraíso” para un alguien con esta atracción es un lugar donde se violan y abusan niños. Que eso es una especie de “Disneylandia pedófilo”. Algo que divertiría, alegraría y haría feliz a un pedófilo.

 

 

Evidentemente, semejante concepción de las intenciones, deseos y anhelos de los pedófilos como grupo, así en general, como masa amorfa (siempre es una masa amorfa, por cierto) no puede surgir de la nada. Para decir que todo un grupo, compuesto por millones de personas, tiene cómo máximo ideal de felicidad semejante horror, es necesario una historia, un discurso común y una concepción absolutamente mayoritariamente y aplastante sobre dicho grupo. No se puede decir que todo un grupo de millones de personas tiene cómo ideal violar niños en una escuela católica sin una sociedad detrás que permita, avale y acepte el discurso.

 

Por ejemplo: si alguien dijera que todas las personas pobres del mundo son criminales, individuos cuya máxima felicidad en el mundo sería matar, violar y robar, ese discurso sería aplastado completamente, ni se llegaría a publicar, y con justicia, porque sería una reverenda pelotudez hacer semejante generalización.

 

Pero con los pedófilos eso no existe: se puede decir con completa libertad que todos estos son abusadores o individuos cuya máxima felicidad en el mundo sería violar niños y nadie dice nada. Nadie dice que es un prejuicio o una reverenda pelotudez semejante generalización. Es aceptado (y se publica y se vende, incluso por producciones de izquierda e intelectuales) porque está socialmente aceptado considerar a “los pedófilos” (así en abstracto, como si fueran una masa homogenea) como tipos que o bien violan niños o bien considerarían al Obispado de Mar del Plata como su Disneylandia.

 

 

Es inútil o casi inútil una respuesta, una objeción, una denuncia. Para la sociedad, en la sociedad, está instalada esta generalización (o mejor dicho, estupidez) descomunal. Por eso son permisibles y aceptados discursos que hablan de los pedófilos como si fueran todos criminales o todos malignos, cuando semejante generalización acerca de cualquier otro grupo humano sería repudiada y aplastada al instante.

 

 

Combatir el estereotipo, el prejuicio, parece imposible, porque es un estereotipo que no es estereotipo, o al menos no se reconoce como tal. Alguien que dice que todos los pedófilos desean abusar de niños no es un prejuicioso de mierda: es un ciudadano “preocupado”. Una visión tan global del mundo y que sin embargo se contradice tan flagrantemente con la realidad (alguien pedófilo puede tener tantos deseos de proteger a la infancia como cualquier heterosexual u homosexual) sólo es posible cuando la realidad es deformada y aplastada hasta el ridículo, cuando la realidad es escondida, ridiculizada y distorsionada. Así, alguien que se diga atraído por los niños y que diga que está totalmente en contra del abuso infantil será tomado por un hipócrita, un mentiroso, un demente, o directamente como alguien que, para empezar, ni siquiera es pedófilo. El ejemplo de Lewis Carroll lo atestigua: literatos norteamericanos niegan de plano que fuera pedófilo, porque jamás abusó de una niña y de hecho se preocupaba por su salud, educación y felicidad. Alguien así no puede serlo…

 

Lo que es realista lo es simplemente por atenerse a una serie de normas y convenciones socialmente aceptadas, nos recuerdan Bourdieau y Borges. En esta sociedad, lo realista (es decir: aquello que pretende imitar la realidad) es un pedófilo malvado, violador, insensible, sadista, cuya máxima ambición consiste en ingresa al Obispado de Mar del Plata. Todo lo demás (este blog, por ejemplo), es fantasioso, imaginario, mentiroso o demente. Unas cuantas décadas de desidia (completo desinterés en investigar o profundizar en el tema), ignorancia (usar pedófilo y violador de niños como sinónimos) y/o prejuicios bien establecidos (suponer que todos los pedófilos quieren abusar de chicos), nos acostumbraron.

 

Hoy en día, como Tlön, es casi más real que la realidad.

Written by porlaverdad3

18/07/2011 a 10:47

Publicado en Reflexiones

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