All of old. Nothing else ever. Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better.

Nothing else ever

Charles Dodgson

¿Quién fue Alice Liddell y qué importancia tuvo en la genial creación de Carroll Alicia en el país de las maravillas? ¿Fue Liddell la inspiradora del cuento? ¿Escribió Carroll su Alicia para su Alice? Todas estas preguntas tienen fácil respuesta. Sí. Efectivamente fue Alice Liddell la niña musa de Carroll, su niña amiga ideal y probablemente la mayor pasión de su vida. Pero más sugestiva es esta otra pregunta, ¿Fue Lewis Carroll un menorero entusiasta de las niñas, un lolitero sobón, un pedófilo zalamero obsesionado por el amor de sus amiguitas? Dicen que sí.

A Lewis Carroll le gustaban las crías, no podía remediarlo. Tanto le gustaban que se pasó un cuarto de siglo fotografiándolas desnudas hasta que un escándalo le hizo abandonar la cámara y coger el pincel para seguir pintando sus desnudos a solas y en secreto. Escondido de las miradas represoras de una época puritana, severa e hipócrita, negándose a sí mismo esta pasión en una extraña dualidad que lo hacía fiel representante de la época.

 

Es una pena que a su muerte ordenara destruir todas las fotografías atrevidas de las muchas niñas que conoció en su vida. Habría resultado edificante la observación de esos cuerpos infantiles color sepia, de esos rostros preadolescentes coqueteando con la cámara, subyugando con la mirada la mirada excitada y confusa de Carroll al otro lado de la cámara. Sólo ha sobrevivido una de estas fotos, o al menos eso se cree, la de Evelyn Hatch, que luce sus nueve años más o menos en la estereotipada postura que debió indicarle el besucón Lewis. ¡Cuánto habría aprendido de él Nabokov para su Lolita!

La otra cara de Carroll es la de Charle Ludwidge Dodgson, su verdadero nombre. Se trata de un señor serio y atildado, diácono y conservador, matemático y profesor de la Universidad de Oxford. Según parece era un hombre aburrido, tartaja y tremendamente puritano, autor de veinticinco libros de lógica y matemática, obsesivo y recalcitrante y posible víctima de su propia represión. Es probable que muriera virgen, pese al montón de niñas que había tenido en sus brazos o en sus rodillas, y a las que se había ligado como autor que era de los dos libros infantiles que ellas adoraban.

 

No se conserva de él ni una sola fotografía en la que aparezca sonriente. Debió de ser un hombre tremendamente desgraciado. En su caso no había pócima que operara el cambio. Yo me lo imagino mirándose al espejo, componiendo tal vez su negro vestido de clérigo, conforme con su desdicha, pensando aún en los últimos cálculos matemáticos que habría resuelto por la mañana, hipócrita como la época. Y de repente, cuando aún se estaba repeinando los rizos de detrás de la oreja, alehop, aparece como a través del espejo la mirada cachonda del cachondo Carroll, del lolitero Lewis, del genial y transgresor inconformista, autor de vanguardia y manoseador de niñas.

 

Y pongamos fin a nuestra historia. ¿Quién fue Alice y de qué naturaleza fue el amor que la unió a Mr. Carroll? Era la hija de uno de los decanos de la Universidad, el señor Liddell, amigo del Sr. Dogdson, y solía jugar en los alrededores con sus hermanas. No tardó nuestro protagonista en fijarse en la coqueta criatura, para la que inventaba historias y caricias y a la que visitaba en su casa. A la señora Liddell le empezó a resultar extraño este comportamiento. Sin duda le parecían extrañas las cartas casi de amor que le enviaba a su hija, y los regalos, y las fotografías que le hacía disfrazada de mendiga, el pecho al aire y la postura equívoca. Un día le contó la historia de una niña llamada Alicia que se cayó en la madriguera de un conejo blanco y todo lo que en ella le fue ocurriendo, y Alice le pidió que se lo escribiera y regalara. Esto ocurrió en 1862.

 

Lewis Carroll no terminó el libro hasta 1864, pero para entonces ya se había roto la amistad que mantenía con los señores Liddell. Aún así le envió su manuscrito firmado a Alice, que lo conservó toda su vida. No se sabe con seguridad las razones de la ruptura con la familia de Alice. Se sospecha que se le ocurrió pedir la mano de la niña en matrimonio cuando ella sólo tenía once años y él treinta y uno, y que fue rechazado con más de un insulto por parte de la señora Liddell, que se sintió ofendida al comprobar que las maneras de su antiguo amigo eran demasiado cariñosas. No podían imaginar los padres de Alice que su hija acabaría siendo inmortalizada por la pluma excéntrica de aquel excéntrico. Y mucho menos que ellos también permanecerían en la memoria de los hombres vinculados al extraño caso del Sr. Dogdson y Mr. Carroll.

 

Se conserva una carta de Lewis Carroll a Alice muchos años después de su amistad. Él tenía cincuenta y tres años y escribía cosas tan reveladoras como esto: “He tenido montones de niñas-amigas desde entonces, pero todas han sido otra cosa”.

 

 

(Agustín Celis)

Written by porlaverdad3

19/07/2011 a 10:05

Publicado en Miscelanea

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