All of old. Nothing else ever. Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better.

Nothing else ever

Mirando a la pedofilia en la sociedad contemporánea.

La sociedad se empeña (o lo hace naturalmente) en hacer girar la vida entorno a las relaciones afectivo-sexuales. Y los pedófilos no pueden tenerlas, sencillamente porque es ilegal tener relaciones afectivo-sexuales con niños. La sociedad celebra constantemente el romance y la satisfacción sexual, tener pareja, casarse. Dicen que no hay excusas para no disfrutar de tu sexualidad. Seas hétero-bi-homo, trans, lo que sea. Excepto para los pedófilos. Los pedófilos no pueden tener pareja, no pueden estar con las personas que aman, ni recibir la amistad, compañía y soporte emocional de una pareja.

 

 

Sarah D. Goode vio esto y escribe:

 

 

“La sexualidad es una parte importantísima de nuestra propia identidad, particularmente en el Occidente contemporáneo, donde existe un fuerte énfasis en la autodeterminación y la experiencia, el placer y la satisfacción sexual. No solamente el placer sexual es considerado una porción muy importante de nuestro ser, sino también que a medida que uno entra en los 20s, 30s, surge la expectativa de formar una pareja en una relación  estable y tal vez considerar ser padre.

 

 

A pesar de los cambios radicales que sufrieron las relaciones en la cultura occidental, sigue siendo estadísticamente normal que la gente se case y tenga hijos. Como los hombres y mujeres homosexuales que se encuentran en conflicto con el énfasis en la heteronorma, los pedófilos pueden sentirse excluidos de la “sociedad heterosexual” en relación con sus actitudes hacia el sexo con pares y sus expectativas de lo que es la vida.

 

 

Se espera que las personas adultas tengan sus relaciones más íntimas y personales con su pareja sexual. Cuando una persona no la tiene, a menudo pierde el confort y la calidez emocional así como el alivio físico que el sexo puede ofrecer. La soledad puede estar acompañada de sentimientos de fracaso e indiferencia, en un mundo donde pareciera que “todos” son felices excepto uno.

 

 

Estas experiencias de soledad son frecuentes en muchos individuos en algún momento de sus vidas, pero para las personas cuya atracción sexual primaria se dirige hacia los niños, probablemente exista la sensación de estar condenado a una soledad sin fin.

 

 

Este tipo de relaciones son también importantes en sí mismas, como una fuente de sentido, placer y foco. El sentimiento de “estar enamorado” no es solamente psicológica, sino también culturalmente importante, con una enorme industria ganando dinero con el día de San Valentín, el patrón de los enamorados. En nuestras vidas seguramente escuchamos canciones de amor por doquier, en la radio, la televisión o un shopping. Estas canciones pueden ser un recordatorio permanente de lo que la sociedad espera de nosotros y de lo que nosotros mismos deberíamos esperar de nuestras vidas.

 

Nuestra sociedad occidental establece la norma cultural de que si queremos, podemos. Ninguna barrera debe interponerse en el camino de cumplir nuestros deseos, nuestro potencial, nuestra felicidad. Estamos todos llamados a vivir nuestros sueños, ser nosotros mismos, tenerlo todo, porque lo valemos.

 

 

Fuertísimos mensajes culturales y publicitarios nos sugieren que tenemos el derecho a ser felices, y esto es particularmente cierto en las relaciones interpersonales y la sexualidad.

 

 

Hoy el sexo es visto como algo intrínseco a nuestra persona y nuestro bienestar. Algo que se espera que tengamos estemos casados, solteros, en pareja, seamos heterosexuales, homosexuales, bisexuales, transgénero, queer o cualquier otra variación sexual.

 

 

Excepto los pedófilos. Los pedófilos desean lo que no pueden tener. ¿Cómo vivis tu vida y construís tu identidad, deseando algo que no podés tener? Más allá de las frustraciones y la miseria diaria de buscar satisfacción emocional y sexual, para los pedófilos existe el dilema de desear lo que está normativamente altamente valorado en la sociedad –una relación sexual-, y al mismo tiempo saber que las relaciones sexuales con niños están normativamente prohibidas. Este sentimiento de “amor prohibido” puede provocar desesperación, frustración y angustia.

 

 

Sarah D. Goode: Understanding and Addressing adult sexual attraction to children, páginas 84-85

Written by porlaverdad3

20/07/2011 a 10:11

Publicado en Reflexiones

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